Pese a que está claro que la educación de calidad es una herramienta vital para que los niños y jóvenes puedan salir de la pobreza, soy muy pocas las propuestas que se escuchan de parte de los candidatos presidenciales y al Congreso para convertir a la formación escolar que da la escuela pública, en un servicio competitivo y descontaminado de ideología, muy alejado de lo que tenemos en la actualidad donde incluso se nombra a docentes sin los méritos más elementales.

Que nos digan, por ejemplo, cómo van a mejorar la infraestructura educativa para evitar que tengamos planteles sin agua potable, sin desagüe, sin ventanas para el frío o sin muros perimétricos para evitar el ingreso de maleantes y drogadictos. Sería bueno saber si algún candidato se ha dado una vuelta por un colegio de Villa María del Triunfo o de Carabayllo, para que vean cómo estudian esos pequeños a los que en sus encendidos discursos de campaña llaman “el futuro del país”.

Para esto tendría que haber una cruzada encabezada personalmente por el propio presidente, a fin de que en un plazo de dos o tres años no quede un solo colegio público en condiciones precarias. Cómo se puede hablar de que allí se forman los futuros ciudadanos peruanos si ni tienen ni techos adecuados para protegerse de la lluvia y el frío. Parece una tomadura de pelo. Un país que ve a su economía crecer, no puede mantener esto como parte del paisaje, sin que nadie se preocupe por erradicar.

Otro lastre que debe ser combatido desde el primer días es la bajísima calidad de los docentes que están en la planilla estatal. No podemos tener a más maestros semianalfabetos como Pedro Castillo que aparte de ser activistas políticos, lo único que saben es exigir nombramientos y aumentos sin que de por medio haya evaluaciones de competencias. ¿Qué puede enseñar, por ejemplo, un profesor como Pasión Dávila, el que agredió por la espalda a un colega suyo en el Congreso?

Hay muchas cosas más por hacer, como encargar la elaboración de textos a verdaderos profesionales, y no a burócratas y activistas. No podemos dejar que pase un quinquenio más sin que se haga un cambio radical en la escuela pública, para que los chicos que salen puedan competir en universidades y centros laborales con los que vienen de colegios privados o los que provienen de otros países, pues hoy hay que medirse también con los de afuera. Es un crimen y una injusticia mantener las cosas como están.