Si asumimos que en 2021 fueron las personas con mayores necesidades económicas las que votaron por Pedro Castillo y Dina Boluarte, los candidatos de Vladimir Cerrón, el dueño de Perú Libre, para atacar la miseria que venía en aumento por la pandemia en la que nos encontrábamos, pues cinco años después las cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) indican que como era previsible desde entonces, esos electores fueron engañados, pues hoy tenemos 5,5% más pobres que antes del COVID-19.
Y digo que era previsible que esa gente no iba a poder sacar de pobres a los peruanos –salvo a ellos mismos, obviamente, por algo el profesor está preso y deberá afrontar varios cargos por corrupción–, porque en primer lugar venían con un plan de gobierno o “ideario” que era de espanto, propio de dictadura comunista y bananera que de por sí, desde el primer día posterior a su elección, iba a espantar a cualquier posibilidad de inversión y crecimiento económico que genere empleo.
También estaba claro que sin técnicos en diferentes materias y más bien con los impresentables que traían como parte de Perú Libre y el entorno de Castillo, varios de ellos incluso ligados a bandas terroristas, era imposible que hagan un trabajo serio por levantar a un país que estaba en la ruina por la pandemia. Era quizá el peor momento de la historia de nuestro país, solo comparable con los años posteriores a la Guerra del Pacífico. El país cayó en las peores manos de todas las posibles.
Y luego de la caída de Castillo vino Boluarte por ser parte de la indisoluble plancha presidencial cerronista. Desde el día uno supimos que al igual que su antecesor, la señora no estaba en capacidad de ponerse al frente de un país. Más tiempo dedicó a sobrevivir en medio de los escándalos que protagonizó, que en hacer gestión en favor de los pobres que votaron por ella. Ambos fueron un gran fiasco, un gran engaño de quienes usaban sombrero y vestidos andinos para tratar de identificarse con sus votantes.
Cinco años después tenemos a Roberto Sánchez como candidato presidencial, reivindicando al fracaso de Castillo que no sirvió para achicar la pobreza, sino más bien para ampliarla. El hombre viene con las mismas recetas de salto al vacío que ya hemos padecido y con la misma gente, así que pensar que con Juntos por el Perú la situación del país va a cambiar para mejor, es un absurdo, una tomadura de pelo. Los pobres no deberían dejarse engañar otra vez por farsantes profesionales y aventureros.




