El canciller Hugo de Zela ha dicho que votar bien este 12 de abril es elegir a alguien diferente a Pedro Castillo. Y tiene mucha razón, pues el mencionado personaje ha sido quizá el peor mandatario de nuestra historia no solo por golpista, ladrón y ser casi un iletrado, sino por sus innegable nexos con senderistas reciclados a los que incluso recibía en Palacio de Gobierno, lo cual constituye hasta ahora una grave ofensa al Perú y a la memoria de sus hijos que murieron por culpa de esos salvajes.
Por eso, indigna que un partido como Perú Libre, que es el gran responsable de que hayamos tenido a ese sujeto como jefe de Estado, tenga el desparpajo de volver a presentarse a una elección con Vladimir Cerrón a la cabeza, más allá de que esté en la clandestinidad desde hace dos años o en libertad gracias al Tribunal Constitucional que ya antes ha fallado en favor de este personaje acusado de levantarse en peso las alicaída arcas del Gobierno Regional de Junín.
En cualquier país con ciudadanos que se respeten, Cerrón y la gente de su partido tendrían que estar escondidos debajo de la cama, avergonzados de haber lanzado la candidatura de Castillo, al que además le impusieron ministros de espanto como Guido Bellido, Héctor Béjar, Kelly Portalatino y el impresentable que promocionaba “aguas arracimadas”, entre otros; y por haber llevado al Congreso a gente como María Agüero, Pasión Dávila y al caballero que hoy ocupa la Presidencia de la República, por mencionar solo a tres.
Lo mismo sucede con la candidatura de Roberto Sánchez, quien no solo usa un sombrero similar al que se ponía el golpista que le dio trabajo como ministro de Comercio Exterior y Turismo a pesar de que no sabía ni dónde estaba parado, sino que lleva en sus listas al Congreso a parientes de quien está preso en el penal Barbadillo por golpista y bajo cargos de haber robado a manos llenas. Reivindicar el “legado” de un enemigo de la democracia, también debería ser una vergüenza.
Perú Libre, el partido de Sánchez y todos esos grupos de izquierda como Ahora Nación, que tiene como “estrella” a Mirtha Vásquez, la expremier castillista que hasta ahora no entrega la lista de los participantes de las reuniones en la guarida de Sarratea donde todo se “arreglaba” bajo la mesa, deberían merecer el repudio de los peruanos en las urnas. Es el mecanismo que permite la democracia para sancionar a quienes tanto daño han hecho en nombre “del pueblo”. ¿O siguen creyendo eso de que no más pobres en un país rico?




