A escasos metros de la finalísima segunda vuelta, es una pena que la agenda del país no esté relacionada a los problemas más urgentes como la inseguridad, la corrupción y la estabilidad económica. No, seguimos hablando de la ONPE, del JNE, de los resultados que no llegan y las amenazas contra todos los que se opongan a acabar con la primera vuelta. Sin darnos cuenta, solo activamos el desprecio por la clase política, las instituciones públicas y el antilimeñismo gratuito.Las cifras de sangre en el norte no se detienen, pero nadie exige un plan contra la criminalidad. En el primer trimestre del año, en La Libertad habían ocurrido 55 denuncias por homicidios, 1285 por hurtos, 80 por violaciones, 487 por extorsión y 60 por detonaciones, según las cifras de la Policía. Y ya cambiaron al general encargado de la dirección territorial policial en la región, como si fuera un juego de casino. ¿Esa es la estrategia? La corrupción es el lastre de nuestras vidas, pero nos hemos acostumbrado a que todo esté salpicado por esta problemática. Así que hemos aceptado que algunas de las entidades públicas se muevan en ese cuarto oscuro donde se birlan el presupuesto de los hospitales, carreteras, puentes, entre otras obras. El caso ONPE es una señal clara de cómo funciona el Estado. Con un tema tan delicado como las elecciones, nos saltó la pus en la cara sobre el manejo de los recursos públicos. ¿Eso les llama la atención? No debería.Ojalá que retomemos la ruta del país para definir qué es lo primero que debería abordar el nuevo gobierno: la lucha contra la inseguridad y la corrupción, así como la mejora económica. Leamos los planes de campaña de los ganadores de la primera vuelta, los mismos que deberán acoplar algunas buenas ideas que hayan tenido los partidos perdedores, porque por algo tuvieron votos. Tenemos tiempo hasta el 7 de junio para exigir, analizar y decidir por el bienestar de las mayorías.




