La situación de extrema violencia que se vive en Trujillo, donde a pocas cuadras del Centro Histórico matan a balazos a cuatro personas y secuestran a otra vestidos de policías y con fusiles de guerra mientras un patrullero da vueltas por ahí, es producto de más de dos décadas de desidia, ineptitud, corrupción y falta de voluntad política de los sucesivos gobiernos para hacerle frente a un problema que han tratado de ocultar por debajo de la alfombra, pero que ahora ha estallado en la cara de todos.
El que vayamos por la tercera generación de “Los Pulpos”, es una muestra de cómo se ha dejado crecer este cáncer que comenzó a inicios de siglo. En el caso de esta banda, es conocido que se inició como un clan familiar de El Porvenir dedicado a cobrar cupos a cambio de devolver autos robados, y que hoy ha mutado en una organización criminal internacional con ramas en Chile, Bolivia y Argentina que comete extorsiones, asesinatos y secuestros en alianza con mafias ligadas a la minería ilegal.
Sin duda alguna, en la supervivencia del crimen en Trujillo tiene mucho que ver también el penoso trabajo de fiscales y jueces que por años han actuado con sospechosa mano blanda. ¿Ineptos? ¿Cómplices? Decenas de hampones que caían con armas y evidencias eran liberados en horas gracias al “trabajo” de abogados mañosos que en la práctica han sido los brazos legales de diferentes bandas. He sido director de Correo La Libertad entre 2010 y 2013, y no me van a decir que esto es falso.
La problemática del penal El Milagro, que debería recibir un tratamiento especial por ser el reclusorio al que son llevados los delincuentes arrestados en la que se ha convertido en la capital crimen y la extorsión, es algo que todos conocen, pero nadie mueve un dedo. El hacinamiento, el ingreso de teléfonos celulares y la imposibilidad de bloquear eficientemente la señal telefónica, son situaciones que se mantienen desde que yo trabajaba allá, es decir, hace 14 o 15 años.
La captura en Bolivia de Jhonsson Cruz Torres (a) “Jhonsson Pulpo”, actual cabecilla de la banda ante la muerte de su abuelo y el aparente retiro de su padre tras 17 años encerrado en Challapalca, es una buena noticia para el país. Sin embargo, la criminalidad ha avanzado tanto en Trujillo y el resto del país, que ya no estamos ante un problema de seguridad ciudadana, sino de seguridad nacional que tiene que ser afrontado como tal, y con toda la contundencia que permite la legalidad al Estado en su conjunto.




