Si algo va a caracterizar las elecciones regionales y municipales del 4 de octubre, es la facilidad con que ciertos “vivazos” de nuestra política han hecho lo que les ha dado la gana para sacarle la vuelta a la ley a fin de postular a reelecciones encubiertas, lanzar a parientes a cargos que dejan y hacer campaña desde cargos públicos.

Sobre las reelecciones encubiertas, están los casi 60 casos a nivel nacional de actuales alcaldes que postulan como primeros regidores detrás de aspirantes a burgomaestres que presentaron “oportunas” renuncias. El caso más sonado es el de Rafael López Aliaga (Renovación Popular) quien, criollada de por medio, podría terminar nuevamente en el sillón de Nicolás de Ribera.

Luego están los 15 casos, solo en Lima, de alcaldes que dejan a esposas, padres y demás familiares para que los releven en caso de ser electos. ¿Los partidos permiten esto? Parece que sí, lo que deja en claro la informalidad y sinvergüencería de muchas de las agrupaciones políticas.

También está el caso de megavivazos como el actual alcalde de Ate, Franco Vidal (Avanza País), quien lanza a su cuestionado padre para burgomaestre y él va como primer regidor, con el agravante de que hace campaña siendo él aún un funcionario público, según Cuarto Poder.

¿Y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) que debería parar esto? Bien, gracias. Incluso su máxima autoridad, Roberto Burneo, ha dicho que no puede hacer nada. Así estamos.