“No pueden tirarnos toda la responsabilidad, el Gobierno está sin caja, magia no se puede hacer”, dijo la senadora de Fuerza Popular, Karla Schaefer, ante el reclamo de los piuranos por las obras de prevención frente al Fenómeno del Niño. La frase tiene algo de verdad, pero también un enorme problema: quien llega al poder no recibe un país en condiciones ideales, recibe precisamente los problemas que prometió resolver.
El propio presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, reconoció que se está llegando tarde a la prevención. Y la presidenta Keiko Fujimori ya había advertido que recibió un Estado “de manera catastrófica”. Perfecto. Diagnóstico conocido, paciente grave y médicos enterados. Pero después del diagnóstico viene lo difícil: operar. Los peruanos no eligieron a sus autoridades para que les expliquen por qué el país está mal, sino para que empiecen a ponerlo de pie.
Hay que recordarles a la presidenta, ministros y congresistas de Fuerza Popular una verdad incómoda: las dificultades heredadas dejan de ser herencia cuando uno asume el gobierno y se convierten en responsabilidad. Ellos sabían dónde se estaban metiendo. Conocían el déficit, la precariedad institucional, la inseguridad, la falta de prevención y el abandono de infraestructura. Nadie los obligó a candidatear. Fueron ellos quienes tocaron la puerta del poder prometiendo soluciones.
Resulta preocupante escuchar que no hay caja, que no se puede hacer magia o que todo estaba mal antes. El ciudadano tampoco tiene caja y, sin embargo, tiene que pagar impuestos, enfrentar la inseguridad y reconstruir su casa cuando un huaico se la lleva. Nadie le acepta la excusa de “no me dejaron nada”. El Gobierno tampoco puede convertir la pobreza fiscal en licencia para la inacción.
La política necesita menos lamento y más decisión. Si existe una emergencia, se actúa antes de que las cámaras lleguen a filmar la tragedia. Prevenir siempre será más barato que reconstruir.




