La Comunidad Andina de Naciones - CAN, conocida desde su origen como Pacto Andino, nominación que derivó de la firma del histórico Acuerdo de Cartagena (1969), acaba de poner en vigencia la Decisión 878 que activa el denominado Estatuto Migratorio Andino, una norma supranacional de naturaleza obligatoria para Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, países miembros de la CAN, constituyendo un paso de gran trascendencia en la integración subregional andina. La referida Decisión 878 tiene una enorme connotación por su relevante carácter unificador y de integración. Es verdad que aún estamos lejos del tamaño de la integración a que han podido llegar las naciones europeas, hoy reunidas en el marco de la Unión Europea, uno de los bloques más exitosos del planeta, más allá de la reciente salida del Reino Unido (Brexit). La integración en nuestra región es verdad que no es una aspiración reciente. Los ideales sanmartinianos por el denominado Plan Continental que fue el empeño del libertador José de San Martín, y bolivarianos, que tuvo su máxima en la enorme visión continental del libertador Simón Bolívar luego de sentar las bases de esos propósitos en el Congreso Anfictiónico de Panamá (1826), durante los primeras décadas del siglo XIX, en la idea de conseguir la unidad de sus pueblos, fue una de las expresiones más serias por conseguir una mirada totalizadora de nuestros países pero que por procesos internos fracturados en el pasado, no supieron ni pudieron crear los vasos comunicantes con los años y las décadas siguientes, para llevar adelante una mirada pétrea de la unidad continental. Las movilizaciones libres sin barreras pero con regulación a que ha llegado el Estatuto Migratorio Andino, nos hace creer a los ciudadanos de los cuatro países miembros, que todos somos ciudadanos de los demás países y que, como los chasquis, recorriendo por todos los confines del Imperio del Tahuantinsuyo, los ciudadanos de hoy, podrán desplazarse con la libertad que bajo regulación permitirá residencias temporales y residencias permanentes. Una decisión que confirma el realismo político de los gobernantes y pueblos de nuestra subregión, comprendiendo que solamente unidos en nuestra diversidad política pero con profundas raíces históricas y culturales, estamos llamados a construir puentes y no muros entre nuestros pueblos.




