El haber sacado de debajo de la mesa un nuevo plan de gobierno “maquillado”, moderado y sin algunos radicalismos, es una verdadera payasada y una tomadura de pelo que solo demuestra dos cosas: que Roberto Sánchez es –una vez más– un gran traidor, esta vez a sus electores de la primera vuelta; y que es un tremendo farsante, capaz de dejar sus “principios” a fin de ganar votos más allá del ámbito rural y de los grupos de gente con vocación autodestructiva que apoyan el salto al vacío.

No sé si en alguna parte del mundo se ha visto algo como lo que ha hecho el candidato de Juntos por el Perú, en el sentido de postular en una primera vuelta con una propuesta, y para la balotaje mostrar otra diametralmente opuesta. ¿Y la ideología?, ¿y los principios?, ¿y los compromisos con quienes en abril le dieron su voto porque ofrecía reventarse las reservas internacionales, estatizar, expropiar, regalar plata y convertir al Perú en Venezuela, Cuba o Nicaragua?

Esto acá o en cualquier parte del mundo se llama oportunismo electorero, criollada politiquera o simplemente sinvergüencería, mañosería pura, todo con el fin de verle la cara a quienes creen que un radical que ha venido ofreciendo incendiar el país, ahora, con un papel de 100 hojas producto del copia y pega de por medio, se ha transformado en un gran moderado y conciliador que dice que va a respetar la libertad de prensa, los contratos ley, los tratados de libre comercio y la autonomía del Banco Central de Reserva.

Una muestra de lo inconsistente de la “nueva” propuesta del Juntos por el Perú es que en un primer documento difundido el lunes, ofrecían nacionalizar Telefónica (Integratel) y que dos horas después, ante el ruido generado en redes sociales, hayan eliminaron esa parte. Incluso el abogado Alejandro Salas, un conocido escudero de expresidentes presidiarios, dijo en Canal N que el primer plan había sido “sembrado” a los medios por los rivales políticos para dañar al candidato de la izquierda. Pobre, ni él mismo se lo cree.

Nada de esto puede ser serio, pues ya no se sabe a cuál Roberto Sánchez se le debe tomar en cuenta, todo esto a menos de una semana de la segunda vuelta. ¿A cuál se le cree?, ¿al radical antaurista de la primera vuelta dispuesto a hacer expropiaciones, o al “angelito” que nos habla de dios y la familia, y nos dice que cree en el crecimiento y la estabilidad? El elector debe aprender a respetarse, rechazando estas maniobras burdas propias de politiqueros dispuestos a lo que sea por unos cuantos votos.