“Obras son amores y no buenas razones”, titula la comedia de Lope de Vega, quien refiere que el verdadero afecto se refleja en las buenas acciones y no solo en intenciones. Es lo que podemos decir de la inversión pública en infraestructura, cuyo empuje promueve el crecimiento interno, pese a las promesas políticas (incumplidas) de mejorar la vida a los ciudadanos. Junto a servicios y comercio, las obras públicas y privadas son el motor del crecimiento económico, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Estos sectores compensaron la irregularidad de la minería e hidrocarburos. De esta manera, la economía nacional de 2025 alcanzó un crecimiento de 3.44 %. Si bien el porcentaje es positivo, no es suficiente para cerrar las brechas de pobreza (se requiere de un crecimiento superior al 4 %).Lo que podemos resaltar es que la crisis política no han petardeado del todo el crecimiento económico: hemos podido impulsar sectores clave como la minería e hidrocarburos, pero no hay una decisión firme desde ningún estamento del Estado: Legislativo y Ejecutivo. En esta campaña presidencial tampoco parece popular prometer una reactivación económica basada en proyectos mineros, por lo que no podemos proyectar a que el nuevo gobierno se faje con su impulso.

Volviendo a las obras públicas, la inversión de gobiernos locales superó a la del Ejecutivo y los gobiernos regionales. En un año electoral, lo que podemos advertir es que se viene una avalancha de inversión en infraestructura, lo que impulsará la compra de cemento. Ojalá que este año podamos superar el 4 % de crecimiento, reducir la pobreza y conseguir la estabilidad institucional.