El Foro Económico Latinoamericano organizado por la CAF en Panamá la semana pasada constituyó un espacio de alto valor estratégico para la región. Las intervenciones de los presidentes de Ecuador, Bolivia, Brasil y Panamá, así como del presidente electo de Chile, transmitieron un mensaje claro y técnicamente consistente: avanzar hacia una mayor integración comercial y económica, y fortalecer la atracción de inversiones como respuesta a la reconfiguración del escenario global. En este contexto, América Latina incrementa su relevancia no solo como destino de capital, sino como proveedor clave de insumos estratégicos para la transición energética, el salto tecnológico global y la consolidación como plataforma logística para mercados prioritarios como Estados Unidos.
Para el Perú, ausente a nivel presidencial pero representado por un sector empresarial dinámico, el mensaje más relevante fue, paradójicamente, el implícito. Mientras países como Chile y Bolivia impulsan reformas regulatorias y tributarias, diseñan incentivos para atraer inversiones y Ecuador empieza a reposicionarse tras una etapa crítica, el Perú parece limitarse a reiterar una cartera conocida de proyectos, presentada casi como una lista navideña.
En este escenario regional, la pregunta es inevitable y estratégica: ¿qué está haciendo hoy el Perú para fortalecer su propuesta de valor como destino de inversión frente a otros países? Promocionar proyectos aislados no es suficiente. El país requiere un plan económico integral, con visión de largo plazo, que articule estabilidad normativa, competitividad tributaria, desarrollo productivo, innovación, formación de clústeres y encadenamientos con valor agregado, capaz de sostener crecimiento, empleo y confianza, y posicionar al Perú de manera creíble en la competencia por capitales.




