Las relaciones internacionales, económicas y políticas están cambiando. La hegemonía de Washington decae y EE.UU. no termina de resolver su grave crisis económica y caída del empleo. En realidad, es un gigante que viene perdiendo espacios, desplazado por China en el crecimiento económico y tecnológico. Inclusive su hegemonía militar está en discusión, pues el camino está llevando a la multipolaridad con Rusia, disputándole la supremacía mientras la Unión Europea con la OTAN pierde presencia. A China le exportamos el doble que a EE.UU.

El Perú, pequeño militar y económicamente, posee una ubicación estratégica privilegiada mirando al mar y cercano al mercado asiático comercialmente. Es por ella que se encuentra China con sus grandes inversiones en minería y energía, además del puerto de Chancay, lo que despierta resquemores en el gobierno estadounidense.

Donald Trump, presidente estadounidense, retoma la doctrina Monroe, aquella del “patio trasero”, “América para los americanos“ (estadounidenses) y busca modernizar la Base Naval del Callao con nuestro dinero e instalar nuevas bases militares en el Perú, remarcando que “no permitirán presencia de países de otro hemisferio.”

Difícil situación sí, pero en ambos casos debemos defender nuestra soberanía e independencia, el patrimonio de nuestros recursos naturales y la dignidad del pueblo. No pueden existir contratos –empresas chinas, canadienses o estadounidenses– con exoneraciones o devoluciones de impuestos, sin generar empleo digno.

Es hora de que la Cancillería recupere capacidades, actúe con liderazgo y principios, basándose en valores de justicia sin aceptar políticas imperialistas ni hegemonistas.