En nuestro país cuesta mucho reconocer una derrota electoral. Persiste una cultura del mal perdedor en la que la narrativa del fraude reaparece en casi cada proceso electoral, aun cuando no exista mayor sustento que especulaciones antes que razones reales o jurídicas.Esta segunda vuelta presidencial entre Fuerza Popular y Juntos por el Perú parecía desarrollarse en un ambiente de tranquilidad, pues ambos candidatos habían manifestado que respetarían los resultados. Sin embargo, ello cambió cuando un conteo rápido difundido el mismo día de la elección otorgó la victoria a un candidato y al día siguiente a la otra postulante, pese a que la encuestadora responsable y la veeduría nacional aclararon que en todo momento existió un empate técnico y que las diferencias se encontraban dentro del margen de error.A pesar de que ambas organizaciones políticas contaron con alrededor de 108 mil personeros de mesa, la narrativa del fraude volvió a instalarse mediante impugnaciones sin sustento legal que terminan siendo más gestos políticos que acciones con posibilidades reales de prosperar por lo que no habría valido la pena pagar casi 4 millones de soles en tasas de nulidad y apelaciones. Solo queda pensar, para futuras elecciones, en la implementación de un preconteo oficial al estilo colombiano, a cargo de la ONPE, que permita ofrecer resultados preliminares el mismo día de la elección a partir de un conteo general de actas, reduciendo así la incertidumbre y fortaleciendo la confianza ciudadana en el proceso electoral. Pre conteo, punto medular de una agenda de reformas políticas impostergables.




