Como una cruel sentencia del destino, el Perú cada cierto tiempo atraviesa graves e intensas crisis institucionales. En la historia reciente, encontramos casos de parlamentos disueltos y amenazas permanentes de disolución, vulneraciones a los procedimientos constitucionales, así como presidentes en el ejercicio legítimo de su función, vacados por instrumentos regulados en la Constitución. Y entre ese hondo conflicto aparentemente irresoluble entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, estamos nosotros los ciudadanos ¡contemplando el aniquilamiento mutuo y las luchas intestinas entre los dos poderes del Estado! Para el politólogo argentino Aníbal Pérez-Liñán, que tiene un trabajo sobre las crisis presidenciales y parlamentarias de nuestros Estados sudamericanos, desde hace unos 30 años existe una especie de crisis permanente institucional entre dos poderes del Estado: Ejecutivo y Legislativo. Dice Pérez-Liñán que esta crisis institucional es preeminentemente presidencial, es decir, estamos viendo que se concluye el mandato presidencial antes del tiempo fijado por el orden constitucional. Vemos tensiones permanentes: Por un lado, el presidente busca disolver el Congreso y por el otro, el cuerpo legislativo busca la destitución presidencial. Esa es la tensión principal. Ahora bien, a pesar de estas tensiones ininterrumpidas, la democracia no desaparece. Hay una preservación del régimen democrático, una conservación de nuestro sistema democrático. Lo interesante de la observación de Pérez-Liñán, es que identifica una paradoja, que es la siguiente: “Tenemos gobiernos inestables, pero al mismo tiempo democracias estables”.




