Se puede hacer un libro de varios tomos con las abundantes historias protagonizadas, en solo cinco meses, por Pedro Castillo en Palacio de Gobierno. Hoy utilizaremos apenas parte del guion, ayudados por Mario Vargas Llosa –quien lo ha calificado de no saber dónde está parado– y Gabriel García Márquez. Veamos: (1) Conversación en (La Catedral) la casa de la calle Sarratea, en Breña. Si esas paredes hablaran, se acabaría el espectáculo lobista de Karelim López

Los Jefes (de las Fuerzas Armadas) montaron en cólera luego de ser, según todos los indicios, presionados por el inefable exsecretario presidencial, Bruno Pacheco, para que asciendan a determinados recomendados del mandatario. Otra vez hemos recalado en las Cinco Esquinas, coqueteando con la corrupción, la miseria moral, la hipocresía y faltándole el respeto a las instituciones castrenses.

Por todo esto, El (coronel) profesor no tiene quien le escriba, está fuera de su hábitat, no se halla en el cargo, y Vladimir Cerrón tampoco quiere que ascienda ni siquiera a sargento después de que lo degradara a menos que guachimán de edificio estatal; prácticamente, El (general) “prosor” (está) en su laberinto y da la sensación de que hemos vivido Cien años de soledad (política) con el Perú convertido en un Macondo del extremismo y la ficción ideológica.

La incomunicación de Castillo lo ha llevado al ostracismo voluntario, sin advertir que el jefe de Estado está obligado a hablarle a su pueblo, darle cuenta. Es como si diariamente alegara Yo no vengo a decir un discurso –otro de los grandes libros del Gabo– y, entonces, no son pocos los propios y extraños, tirios y troyanos que vislumbran que estamos ante la Crónica de una muerte (presidencial) anunciada por incapacidad moral permanente. El 2022 lo dirá.