Parece una broma de mal gusto que los promotores de las marchas en defensa del inepto, corrupto y golpista de Pedro Castillo digan que movilizaciones como las de Macusani, en Puno, donde quemaron una comisaría y una sede del Poder Judicial, son parte del “derecho a la protesta” y que tomar acciones contra estos actos desde las fuerzas del orden, al amparo de la legalidad, es atentar contra los derechos humanos.

Lo mismo sucede con las movilizaciones vistas en la tarde de ayer en las inmediaciones del Parque Universitario, en el Centro de Lima, donde la policía provista de escudos y formada en línea para impedir el paso de los manifestantes hacia una zona rígida, fue atacada por delincuentes que incluso contaban con huaracas. ¿Qué tiene de pacífico lanzar rocas y palazos a agentes que están haciendo una labor preventiva para preservar el orden?

Gran parte de los objetos lanzados a los agentes eran sacados de veredas y jardineras del Centro de Lima. Sí, parte del patrimonio de la ciudad y de todos los peruanos fue arrancado, incluso con barretas de metal, para agredir a la autoridad. Pero claro, la izquierda insiste en presentar a esta gente como “pacífica” y en decir que se “criminaliza la protesta” si es que los policías se defienden de agresiones que podrían hasta costarles la vida.

Y mientras esto sucedía en la capital, en simultáneo otros grupos de vándalos pretendían tomar los aeropuertos de Arequipa, Cusco y Juliaca. Sí, claro, todo es “espontáneo”, ¿verdad? Pero más allá de eso, en ninguna parte del mundo un intento por meterse a una pista de aterrizaje es una “protesta pacífica”. Eso no se lo creen ni congresistas de izquierda como los que han ido a azuzar a los que han tomado ilegalmente el campus de San Marcos.

Las imágenes no mienten. Allí están las agresiones flagrantes a la autoridad y también los rostros de estos delincuentes. Con un poco de voluntad y valentía, se podría identificar a estos sujetos y someterlos a la justicia, por más que desde la izquierda sus defensores salten y hagan ruido. La gran mayoría de peruanos no puede seguir a merced de tirapiedras y quemallantas. Acá debe imperar la ley, no la ley de la selva ni la barbarie.

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