¿Recuerdan la frase “Que Dios nos ayude”? Los que tienen de cuarenta años para arriba la deben recordar. La dijo Juan Carlos Hurtado Miller al final de su discurso que anunciaba nuevas medidas económicas el 8 de agosto de 1990, al inicio del Gobierno de Alberto Fujimori. Se le llamó “fujishock” y el litro de aceite subió de 14 mil intis a 97 mil 200. En tanto, el kilo de arroz pasó de 140 mil intis a 400 mil y el galón de gasolina más barata de 21 mil 500 a 675 mil. No había otra salida para solucionar la grave crisis económica heredada por la gestión de Alan García, quien había dejado una inflación de 2′000,000%.

Hoy no estamos en esa situación, sin embargo, corremos el riesgo que todo lo logrado en materia económica se esfume. Ya subieron los precios de los combustibles y alimentos por el alza del dólar. Se teme mucho que las medicinas sigan ese rumbo. El presidente del Banco Central de Reserva del Perú, Julio Velarde, ha dicho que la incertidumbre política ha generado este panorama económico. “Vivimos en un mar de expectativas negativas”, precisó.

La crisis actual no es un accidente, es mucho más profunda, es una crisis sistemática producto de la desconfianza y la inestabilidad. Que hayan salido 13 mil millones de dólares del Perú en este año muestra la magnitud del problema. Esto debe obligar al Gobierno a cambiar de ruta, a ver las cosas de otra manera, y eso no se gestiona con una simple invocación o con un cúmulo de buenas intenciones. La realidad exige un consenso más amplio de los actores económicos, políticos y sociales.

“Hay funcionarios que nos están jugando mal”, expresó ayer el premier Guido Bellido con clara intención agitadora. Con frases así el entendimiento con todos los sectores, que pide en todos sus discursos, no parece que esté al alcance de la mano. Peor diciendo que los grandes quieren castigar al pueblo.

Es una perogrullada decir que tienen que estar los más capaces al mando del aparato del Estado, pero esto no se cumple en este Gobierno. Es cierto que la tormenta política y económica le está haciendo daño al país, pero más problemas generan la impericia y la improvisación de personas como Guido Bellido. ¡Que Dios nos vuelva a ayudar!