Desde la izquierda que en gran parte existe en el Perú debido a que se ha sostenido en el tiempo acusando de dictador y corrupto a Alberto Fujimori y por extensión a su hija Keiko, actual presidenta, se acaban de quitar la careta para exhibir su doble rasero al presentar un proyecto de ley de amnistía a favor del golpista Pedro Castilo, quien además carga con prisión preventiva por estar bajo investigación por severas acusaciones que incluyen hasta el haber recibido plata en sobres por nombramientos en el Estado.

Esa misma izquierda –y ciertos aliados– que se hace llamar “demócrata” y que en el discurso le hace ascos a todo tufillo autoritario y violatorio de cualquier derecho fundamental, ahora se ha puesto del lado del último personaje de nuestra historia que pretendió instaurar una dictadura a través del cierre del Congreso con tanques, la toma del sistema de justicia que le respiraba en la oreja por ladrón, la imposición de una nueva Constitución y la ejecución de detenciones arbitrarias quién sabe con qué consecuencias.

Los que se indignan y se revuelcan en el piso dándole vida a la “narrativa” de las leyes “procrimen”, ahora se han convertido en los grandes defensores de quien pretendió darle una patada a la Constitución y a la legalidad, y de paso afronta investigaciones por gravisimos cargos de corrupción que sin duda van a llevar a que este sujeto reciba varias condenas adicionales. ¿La ideología hace que se olviden de los negociados que se hacían en la guarida del jirón Sarratea y de las confesiones de Sada Goray?

Como alguien comentó al fin de semana en las redes sociales, darle una amnistía a Castillo y a toda su camarilla de golpistas, entre ellos Betssy Chávez y Aníbal Torres, quien nadie sabe por qué aún goza de libertad, sería emitir una verdadera “ley procrimen”, pues con esto se sentaría un pésimo precendente ante los ojos de cualquier aspirante a dictador, al ver que por más que rompa el orden constitucional, siempre habrá cómplices dispuestos a arrojarle un salvavidas para nadar hacia la injusta libertad.

¿Se imaginan si los golpista del momento fueran fujimoristas, apristas o “porkystas”, y ya se estuvieran moviendo sus aliados en el Congreso para darles libertad? No dudo que la izquierda estaría haciendo marchas en las calles, dándole voz a los activistas nacionales y extranjeros de ONGs afines y sacando portadas en contra de esa, sin duda, aberración política, pues los destructores del orden constitucional, sean del color que sean, deben afrontar su responsabilidad ante la justicia, y cumplir sus condenas hasta el último día.

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