Muchos peruanos se preguntan en calles y plazas: “¿Por qué hasta ahora no vacan al presidente Pedro Castillo con todo lo que se sabe de él y su gobierno (léase una extensa sintomatología de corrupción y cuerpos del delito?”. La primera respuesta es que se está agarrando con uñas y dientes y que una de sus manos la sujeta el cerronismo y sus artimañas y, la otra, “Los Niños” de la mamadera, en complicidad con “ñaños” diversos que cuidan sus bolsillos más que a la democracia.

La verdad es que, en términos reales, el profesor ya no manda (si es que alguna vez lo hizo), sin embargo, su statu quo enmarcado en el limbo, con protagonismo apenas para leer mensajes primariosos y correrse de la prensa, resulta igual de peligroso para el país porque el extremista Vladimir Cerrón se pasea entre ministerios como Pedro por su casa y la invasión populista del lápiz ya se huele para los comicios regionales y municipales del 2 de octubre, y más ahora que está con la sangre en el ojo por haberse quedado sin referéndum.

Además, según todos los recientes sondeos de opinión pública, literalmente, la gente ya dio de baja al profesor chotano al haber refundido en el último lugar de prioridades su proyecto para una Asamblea Constituyente y exigir, en primer lugar, que deje de mostrarse inerme, lerdo e ineficiente frente a la delincuencia común y el crimen organizado, aunque la evidencia indica que no podemos pedirle peras al olmo.

El humorista argentino Roberto Fontanarrosa solía decir que “el loro plagia la palabra, pero quien está preso es el canario”. Si Castillo Terrones todavía no está tullido políticamente, debería cantar claro sobre el copia y pega de su tesis, Karelim, los sobrinos, los amigotes y las cuchipandas que lo tienen pendiendo de un hilo.