La brutalidad y crueldad del llamado “Andahuaylazo” ha sido relatado con lujo de detalles a Correo por el comandante PNP (r) Miguel Canga, quien fuera el jefe de la comisaría tomada por Antauro Humala y sus huestes el 1 de enero de 2005, a todas luces en una acto criminal que acabó con la vida de cuatro efectivos policiales, pero que para el hoy candidato presidencial de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, fue un “acción política” que años después no dudó en celebrar al lado del cabecilla del “etnocacerismo”.

La toma de la comisaría de Andahuaylas no tuvo nada que ver con la política ni con un gesto de “romántica” rebeldía. Allí está el relato del comandante Canga, quien junto a sus efectivos fue secuestrado y vejado por un hampón disfrazado de militar que celebró la muerte de cuatro efectivos policiales, algunos de ellos rematados con tiros en la sien pese a estar rendidos, a los que en ese momento llamó “perros sirvientes del Estado” y ahora los califica de “cobardes”.

“Que viva el compañero Antauro Humala”, gritaba sin rubor alguno el hoy candidato presidencial Sánchez en enero del 2025, mientras al lado del criminal celebraba los 20 años del infame “Andahuaylazo”, que dentro del retorcido cerebro de su cabecilla que finalmente fue condenado a 19 años de cárcel por asesino, buscaba derrocar a un gobierno legítimo por la ilegal vía de las armas, la violencia, el salvajismo, la muerte y la rotura del estado de derecho.

Se dicen “del pueblo”, pero Sánchez y Humala celebran la muerte de cuatro agentes policiales que, como trataba de hacer entender el comandante Canga al secuestrador y asesino mientras lo tenía encerrado en un calabozo, también eran hijos de hogares humildes de este país que defendían al momento de su muerte. ¿Qué dicen de esto desde la izquierda autoproclamada “defensora de los derechos humanos? Ojo, que de votar por la opción del cabecilla del “Andahuaylazo” ya no se regresa.

Hoy Sánchez y Humala son socios políticos, y buscan llegar al poder por el camino de las urnas. Incluso el candidato presidencial de Juntos por el Perú, por más que hoy trate de negarlo por cálculo electoral, ha ofrecido colocar al criminal al frente de la lucha contra la inseguridad ciudadana, ¡nada menos que a un asesino de policías que asaltó una comisaría por dársela de rebelde! Parece una tomadura de pelo, pero es lo que propone la izquierda radical al país.

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