Mientras muchos de los damnificados por el sismo en Junín viven entre escombros, el Gobierno actual solo lanza promesas. No hay ayuda concreta. Los ministros y funcionarios del Estado solo llegaron para las cámaras. Por ello la presidenta electa Keiko Fujimori anunció que su primer viaje, inmediatamente asuma el máximo cargo de la nación, será a Chupaca, para ver in situ el problema de los afectados y dar soluciones inmediatamente. Esto adquiere un significado político y simbólico. Más allá del gesto, la verdadera evaluación estará en su capacidad para convertir ese compromiso en decisiones efectivas que alivien la situación de los afectados. Las expectativas son altas y el margen para los errores será mínimo.
La mandataria electa ha señalado que recibe un Estado con graves deficiencias administrativas y una gestión marcada por múltiples carencias. Si ese diagnóstico es correcto, el desafío que enfrentará será aún mayor. Sin embargo, los gobiernos son elegidos precisamente para afrontar escenarios complejos, no para limitarse a explicar las dificultades heredadas. La ciudadanía comprende que los problemas no desaparecen de un día para otro, pero también espera liderazgo, capacidad de gestión y resultados.
El Perú necesita que la etapa de las explicaciones dé paso a la de las soluciones. La reconstrucción de Junín puede convertirse en el primer gran indicador de una nueva forma de gobernar, donde las promesas se traduzcan en hechos y la respuesta del Estado llegue con la rapidez y la eficacia que los ciudadanos merecen.




