Del sector agropecuario depende la seguridad y soberanía alimentaria del país. Las llamadas Unidades Agrícolas Familiares (UAF) son las que nos entregan alimentos diariamente, suman alrededor de dos millones, absorben gran fuerza laboral y son el 97% de las unidades agrarias.

En 1969 el gobierno militar de Juan Velasco desarrolló la Reforma Agraria. Fueron 10,5 millones de hectáreas expropiadas, 56% de la superficie agrícola, con lo que se logró eliminar el latifundio y las relaciones serviles en el campo porque el trabajo no era remunerado. Se dio carta de ciudadanía los campesinos del Ande. Posteriormente, en Puno, recuperaríamos 1,2 millones de hectáreas para las comunidades campesinas de la región.

Falló el Estado por no facilitar crédito ni apoyo técnico, por lo que colapsó la producción y productividad, descapitalizándose el campo y elevándose la pobreza rural. Se benefició la importación. Comemos pan y fideos de harina de trigo que no producimos, pollo alimentado con maíz importado, comercializados por oligopolios.

La política de abandono agrícola permitió el resurgimiento de los latifundios agroexportadores con 2,000 millones de soles de exoneraciones tributarias anuales, mientras que los pequeños y medianos productores agrarios carecen de facilidades para instalar riego tecnificado, seguro agrario efectivo, vías transitables y mecanismos de asociatividad para mejorar y sostener su producción e ingresos. Por eso se necesita una Segunda Reforma Agraria.

Necesitamos la base del reordenamiento territorial y garantía de sostenibilidad del medio ambiente, evitando la contaminación minera que destruye la limpieza de nuestras cuencas, con el tratamiento y evacuación ordenada de aguas servidas.

Reforma agraria y basta de exoneraciones tributarias innecesarias.