Opinión

Siete semillas: El mensaje masticado

Basado en un bestseller de autoayuda de David Fischman, el cuarto largometraje del realizador Daniel Rodríguez Risco no convence.

25 de Octubre del 2016 - 16:57 Enrique Silva Orrego

El cineasta peruano Daniel Rodríguez Risco, que había debutado en el largometraje con la fallida “El acuarelista” (2008), llamó la atención gracias a “El vientre” (2014), un discreto pero efectivo relato de terror de ambiente rural protagonizado por Vanessa Saba y Mayella Lloclla. Luego experimentó una completa involución con “No estamos solos”, execrable peliculita de horror que se atrevía a citar -mal- a “El exorcista” (1973) y “Poltergeist” (1982) ante su total ausencia de originalidad.

En “Siete semillas”, su cuarto largo, Rodríguez Risco se aleja de la temática fantástica/sobrenatural para ilustrar un bestseller de autoayuda escrito por David Fischman, que narra la crisis personal del gerente de una empresa textil al borde de la quiebra. Situación que complicará de tal modo su vida familiar que se verá en la necesidad de acudir donde un guía espiritual.

La manera de plantear la historia es bastante simple y superficial. El guión, coescrito por el propio director y su hermano Gonzalo Rodríguez Risco, ilustra inicialmente los diversos problemas que afronta el gerente (Carlos Alcántara). Casi de inmediato aparecen los contratiempos en su salud. Seguidamente visita al gurú (el español Javier Cámara) y a través de las enseñanzas de este va aprendiendo a cambiar su existencia, a mirar dentro de sí mismo, a encontrar -supuestamente- la felicidad.

Estamos ante una suerte de cuentecillo bienintencionado con mensaje aleccionador incluido, lo suficientemente masticadito para que los espectadores lo puedan digerir con el mínimo esfuerzo. Todo bien explicadito, bien clarito, como para que no quede ninguna duda de la “sanación” del gerente, de su gran vocación de servicio e incorruptibilidad, de su preocupación por los trabajadores de la empresa a su cargo, incluso de la recuperación de su entorno familiar y del hallazgo/significado de su propia felicidad.

PALIDEZ DRAMÁTICA. El trabajo de producción es todo lo prolijo que puede esperarse de Daniel Rodríguez, pero su principal handicap recae en la equivocada elección de Carlos Alcántara para el rol protagónico. No solo no da la talla dramática requerida por el personaje, sino que su escasa expresividad palidece al lado de Gianella Neyra (su esposa), Marco Zunino (su hermano menor) y más notoriamente en sus escenas con el excelente actor español Javier Cámara, a quien -cubierto por largos cabellos y barbas, le bastan unos cuantos gestos para componer al gurú sanador sin esforzarse.

“Cachín” ha demostrado estar dotado para la comedia, para el humor, pero el drama le queda algo grande. Algunos dirán que en “Perro guardián” (2014), ópera prima de Bacha Caravedo y Daniel Higashionna, resultó convincente en su papel de sicario. Seguro, porque se trataba de un rol más mecánico, rudo y de gestos rígidos, que Alcántara conseguía controlar.

“Siete semillas” le plantea un esfuerzo diferente. El actor no logra expresar de manera convincente los diversos estados de ánimo de su personaje. Es más, por momentos parece que se le va a escapar una broma, que va a contar un chiste. Es un hecho que las limitaciones actorales de “Cachín” se hacen más evidentes en esta cinta. Pobreza de registro dramático a la cual hay que sumar la escasa profundidad del relato y su marcada predisposición a la obviedad, lo que hace del producto final un trabajo intrascendente.