El jueves pasado se llevó a cabo la primera presentación del gabinete ministerial ante el nuevo Congreso bicameral. Esta vez fue ante la Cámara de Diputados y sin la temida cuestión de confianza, que quedó en el olvido tras las reformas constitucionales que permitieron la reaparición, después de 30 años, del Senado de la República.

La atmósfera fue distinta. La desaparición del voto de confianza al gabinete relajó el ambiente y, aunque hubo crispación entre las bancadas, permitió observar un evento más protocolar que político, dejando atrás el clima de enfrentamiento e inestabilidad al que esta figura nos había acostumbrado en los últimos años.

La seguridad ciudadana es, definitivamente, el primer punto de la agenda, pero no el único. El transporte, el empleo y la atención ante desastres naturales también ocuparon buena parte de la jornada. Esta estuvo precedida por dos nombramientos que aguaron los ánimos del Gobierno: la elección de dos férreas opositoras para presidir comisiones clave de la Cámara de Diputados: Yenifer Paredes, en Energía y Minas, y Catherin Palomino, en Justicia.

Todo indica que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo no será color de rosa. Mientras en el Senado existe un empate técnico entre la derecha y la izquierda, con voto dirimente de su presidente, en la Cámara Baja los números oficialistas son demasiado bajos. Sin el respaldo del Partido del Buen Gobierno, impulsar la agenda legislativa será cuesta arriba.

Por eso, se esperaba que las facultades legislativas permitieran aprovechar la tradicional “luna de miel” al inicio de todo gobierno. Sin embargo, el gabinete Galarreta no ha hecho la tarea y está dejando escapar un tiempo político valioso que difícilmente volverá. Además, deja un vacío en la agenda gubernamental que la oposición buscará llenar.

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