La izquierda peruana, que suele hervir en el caldero de la mediocridad y la ignorancia, sorprende con la presencia del presidente José María Balcázar, hombre moderadamente culto. En el presente artículo, no ahondaremos en las estratagemas de los miembros del Congreso, ni en el “fenómeno pactista” de los partidos políticos para elegir a un integrante del perulibrismo como presidente, sino que, para apartarnos de esos análisis ya conocidos por todos, haremos algunas anotaciones en torno al primer discurso de Balcázar –de acuerdo al régimen de sucesión presidencial– como presidente constitucional del Perú. Balcázar, titubeante al principio al ensayar sus primeras palabras (como los primeros pasos que da el Gólem en el poema de Borges), fue consolidando de forma progresiva la orientación de su discurso, que estuvo marcada por la presencia de referencias culturales. De su discurso se extrae que Balcázar es un humanista, preocupado por la filosofía y la formación intelectual del gobernante, que cita al general venezolano Francisco de Miranda, maestro de Simón Bolívar, se pronuncia sobre los filósofos de la antigua Grecia y menciona al gobernante y filósofo estoico romano Marco Aurelio (autor del libro Meditaciones). Dice que su intención es gobernar, teniendo como brújula orientadora los Diálogos de Platón. Además, critica la leyenda negra antiespañola, y no cae en la leyenda rosa del imperio incaico. Su mirada sobre el Perú, es realista, pues no permanece en la elevada torre pensando sobre los destinos del país, sino que se pronuncia sobre el fenómeno social más dañino de nuestra época: el crimen, que busca combatir con eficacia.