Aunque parezca increíble, el Gobierno cumplió. Ayer, un día antes que se cumpla el plazo planteado por el Ejecutivo, el presidente José Balcázar anunció el restablecimiento del suministro de gas y eso merece reconocimiento. En medio de la crisis energética más grave que ha vivido el país en dos décadas, que alguien cumpla su palabra es una agradable sorpresa.
En un país acostumbrado a promesas incumplidas, que un compromiso oficial se concrete, marca una diferencia y devuelve, aunque sea un poco, confianza a la ciudadanía.
Pero sería un error confundir este alivio con seguridad. La crisis reveló una cruda verdad: la seguridad energética del Perú depende de un solo sistema de transporte de gas. Si un solo ducto, un solo tramo, una sola falla técnica es capaz de paralizar a medio país, entonces no hablamos de un incidente aislado, sino de una vulnerabilidad estructural.
Lo que hemos vivido no es una excepción; es una advertencia. Urge diversificar la infraestructura, fortalecer la redundancia del sistema, ampliar reservas y diseñar planes de contingencia reales, no solo en el papel. El Gobierno debe convertir sus promesas de infraestructura alternativa en obras reales, no en nuevas declaraciones. El alivio de hoy no puede ser excusa para aplazar, una vez más, la tarea que el país tiene pendiente desde hace tiempo.




