Una de las primeras tareas del próximo congreso bicameral a partir de julio, tiene que ser la de llevar a cabo una profunda reforma del sistema de justicia, pues en un país donde la violencia en las calles y la corrupción son pan de cada día, no podemos seguir con un Ministerio Público y un Poder Judicial como los que tenemos en la actualidad, que son un problema antes que una solución a estas dos realidad que son las que más preocupan al ciudadano que mañana irá a las urnas.

No podemos seguir con magistrados politizados e ineficientes como José Domingo Pérez, que al día siguiente de ser echado del Ministerio Público “se convirtió” en un militante de la izquierda más radical. Tampoco se puede permitir la presencia de fiscales y jueces a los que les encanta liberar delincuentes pese a las evidencias en contra, apelando siempre a legalismos y hasta tinterilladas que ojalá las aplicaran cuando se trata de defender al ciudado de a pie, víctima de estas lacras.

Pero para que tengamos un Poder Legislativo capaz de meter la mano en el Ministerio Público y el Poder Judicial, que por sí solos jamás se van a reformar porque sería colisionar con los intereses de sus cúpulas, se necesita un Senado y una Cámara de Diputados con gente no solo capaz, sino también honesta y que no tenga investigaciones abiertas en alguna fiscalía, o sea los brazos extendidos de organizaciones criminales o economías ilegales, cosa que también se ha visto en el quinquenio que acaba.

Una reforma de verdad tiene que hacer que solo los mejores abogados de las universidades más respetadas, puedan acceder a las plazas de jueces y fiscales. El modelo tendría que ser, o al menor parecer, al que rige desde hace décadas –y con mucho éxito– en el Banco Central de Reserva (BCR), a donde solo ingresan a trabajar y hacer carrera los más aplicados de las facultades de Economía, luego de un curso y una evaluación dentro de la misma institución, sin padrinazgos ni tarjetazos. Meritocracia pura.

Recordemos que mañana elegiremos no solo al próximo presidente, sino también a senadores y diputados que reemplazarán a los congresistas que tenemos hasta hoy y que, salvo excepciones, han sido una vergüenza para todos los peruanos. Por sus manos pasará la ansiada reforma judicial que no podemos postergar cinco años más, pues la criminalidad en las calles con pistola y cuchillo, y esa otra que se ejerce con cuello y corbata, tienen que ser sancionadas con celeridad y eficiencia.

TAGS RELACIONADOS