Algo tiene que estar muy mal en nuestro Perú para que un criminal como Antauro Humala haya sido y siga siendo “protagonista” del proceso electoral que nos dará al próximo presidente y al Congreso, es decir las autoridades que en teoría deberían poner fin a diez años de severa inestabilidad política, en que hemos tenido ocho mandatarios, cada cual peor que el anterior, lo que entre otras cosas ha llevado a que la economía no crezca al ritmo necesario para reducir la brecha de pobreza.

Un tipo que ha estado 17 años preso por matar a cuatro policías junto a sus reservistas, que hizo un remedo de levantamiento militar en Locumba con su hermano Ollanta, que propone nueva Constitución, que sueña con declararle la guerra a Chile, que tiene el cerebro contaminado por un mamarracho al que llama “etnocacerismo”, que habla de volver a los tiempos del Tahuantinsuyo y que quiere fusilar gente, no debería pasar de ser un loquito charlatán de la Plaza San Martín.

Me pregunto cómo verán en otros países al Perú, al saber a través de los medios que un personaje de esta calaña y con semejantes antecedentes, es socio político de un candidato que aspira a ser presidente –que además es congresista en funciones–, y que hace poco más de un año ambos “celebraron” los 20 años de una brutal acción armada llamada “Andahuaylazo”, que no fue otra cosa que la toma de una comisaría, el secuestro de policías y el asesinato de cuatro agentes del orden.

Incluso nuestro sistema legal, a través de una sentencia muy atinada que fue ratificada por la Corte Suprema de Justicia, impidió que este sujeto y su partido puedan participar en cualquier proceso electoral, porque su sola presencia era un atentado contra la legalidad y la vida misma. En otras palabras, Humala y la agrupación identificada con su mismo nombre fueron expectorados del juego democrático y de cualquier posibilidad de colocar autoridades, por tóxicos, por apestados.

Sin embargo, ahora, gracias a su socio político Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, Antauro es un elemento “importante” y quizá hasta determinante en la segunda vuelta que tendría que disputarse pronto, aunque nada está claro ante las idas y venidas del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que aún no aclara qué alcances tendrá la auditoría dispuesta a raíz de las flagrantes irregularidades detectadas en la infausta jornada del 12 de abril debido al mal trabajo de la ONPE. Este es el Perú de hoy.

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