La marcha atrás dada por el gobierno del presidente José María Balcázar a la compra de 24 aviones de combate F-16 Block 70 para la Fuerza Aérea del Perú (FAP), esto un día antes de la suscripción del contrato con el fabricante y el gobierno de Estados Unidos, nos deja ante los ojos del mundo como un país poco serio y nada confiable para cualquier tipo de acuerdo y negociación.

Las tratativas para cerrar el acuerdo con la empresa Lockheed Martin y Washington por 3 mil 500 millones de dólares, venían de mucho tiempo atrás. Estaba casi cerrado y como lo adelantó Correo el jueves pasado, el viernes 17 debía quedar todo suscrito. Ya la Contraloría y otras entidades del Estado había dado su aprobación. Sin embargo, a última hora, Balcázar tiró todo por la borda.

Quizá este señor que jamás debió ser presidente por sus penosos antecedentes, crea que el país se maneja como si fuera el partido Perú Libre o el Colegio de Abogados de Lambayeque, cuando era su decano y fue acusado de robarse la plata. Nadie le ha dicho que había un compromiso como país que debía ser honrado, aparte de una inmensa necesidad de comprar aeronaves para garantizar la soberanía nacional.

Por culpa de Balcázar y sus ministros que lo avalan, hemos quedado, una vez más, como un país informal y hasta chicha, donde la palabra empeñada es cualquier cosa. Se entiende el malestar del gobierno de los Estados Unidos, que ojalá no se traduzca en sanciones económicas.