En la madrugada del sábado último, el presidente José Jerí y su séquito de funcionarios y policías llegaron al penal de Ancón I para hacer una visita acompañada de requisa, lo que en teoría permitió mostrar a la máxima autoridad del país que las cárceles son un desastre por el hacinamiento y la falta de control de parte de las autoridades, sea por corrupción, por desidia o falta de recursos, lo que permite que desde allí se ordenen muchos delitos como extorsiones y asesinatos a través de sicarios.

Pero nada de esto debería ser una novedad para el mandatario, quien desde las primeras horas de su mandato iniciado en octubre pasado, comenzó a realizar visitas a penales, en ese momento acompañado de Iván Paredes, jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), quien fue mantenido en el cargo a pesar de los cuestionamientos en su contra. ¿Por qué este señor no fue removido a pesar de sus antecedentes y de sus ineficiencia para mantener el principio de autoridad en las cárceles? Sólo el presidente Jerí lo sabe.

Las redes sociales del gobierno han mostrado lo hallado en Ancón I como una gran sorpresa, una novedad, un tremendo descubrimiento, pero todos sabemos, al igual que el propio mandatario y su equipo, que esta situación lleva años, y que en los últimos 100 días de la actual administración, por más visitas, requisas y fotos difundidas, poco o nada se ha hecho. Quizá nos quieran tomar el pelo para tratar de ocultar el escándalo del “chifagate”. En fin.

De otro lado, este gobierno ha anunciado desde un inicio una reforma integral del INPE, hasta del cambio de su nombre, lo cual estaría muy bien si eso fuera a arreglar el problema penitenciario. Sin embargo, el Poder Ejecutivo ha puesto al frente de dicha institución en proceso de cambios a una funcionaria que despierta más temores que confianza, pues es cercana nada menos que a José Luna, el dueño de Podemos, un personaje dudoso para el cual el Ministerio Público está pidiendo varios años de prisión.

El sistema penitenciario está putrefacto desde hace décadas y es uno de los pilares de la ola de criminalidad que nos golpea. Hay mucho por hacer, pero mientras la politiquería barata asome en estos intentos, algo que se ha visto de manera flagrante en las últimas horas, seguiremos como siempre. El problema es que sigue sin haber solución, al tiempo que el ciudadano de a pie se mantiene expuesto a criminales que aún desde dentro de las cárceles, hacen lo que les da la gana.