Luego de 33 días de culminada la primera vuelta (32 si contamos la votación extraordinaria en los colegios donde el material electoral llegó tarde) ayer la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) llegó al 100% de actas contabilizadas y si bien el resultado se sabía hace semanas, oficialmente Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) competirán en segunda vuelta.
Todos sabemos de las falencias que ocurrieron en la primera vuelta y exigimos al sistema electoral una urgente corrección de sus procesos. Pero en esta ocasión queremos hacer la salvedad del tiempo de espera para los resultados oficiales: estos 33 días han sido el caldo de cultivo para agudizar la crisis política que es pan de cada día en el Perú
La atomización fue un problema grave, pues hubo más de 35 partidos en competencia. A eso se suma la disputa entre el segundo y tercer lugar por décimas para ver quién pasa al balotaje, pero 33 días para tener resultados oficiales, en pleno siglo XXI, en un exceso peligroso.
La incertidumbre prolongada es mala para la democracia y más cuando la ONPE y el JNE han jugado un papel lamentable que sin duda ha manchado estas elecciones que en teoría, debían marcar un antes y un después en lo que a la crisis política se refiere.




