Lejos de abonar a la calma en esta lucha interna que se vive hace años en el Ministerio Público politizado e ineficiente, las muy merecidas salidas de Delia Espinoza Valenzuela y Pablo Sánchez Velarde como fiscales supremos, ahondarán más en la crisis que existe en la institución.

Según su ley, la Junta de Fiscales Supremos (JSF) debe estar conformada por ocho fiscales supremos titulares, pero lleva años con menos. Ahora con la salida de Espinoza y Sánchez, más el próximo retiro de Zoraida Ávalos por límite de edad, la entidad quedará reducida a cuatro titulares: Tomás Gálvez, Patricia Benavides, Luis Arce y Juan Carlos Villena.

Urge que la Junta Nacional de Justicia (JNJ) llene estos espacios con personas idóneas, y que Tomás Gálvez convoque, una vez ratificada la destitución de Espinoza Valenzuela, a una elección para acabar con su interinato como fiscal de la nación.

La JFS no puede seguir operando en su mínima expresión. Es un órgano pensado para ser contrapeso y espacio deliberativo que actualmente funciona por debajo de su capacidad, en medio de fracturas internas y liderazgos debilitados.

Solo una Junta de Fiscales Supremos completa y legitimada puede empezar a sacar al Ministerio Público del fuego cruzado y devolverle credibilidad frente a la ciudadanía.