El titular de estas líneas es lo que en este momento debe estar preguntando a sus asesores el candidato presidencial de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, pues sabe muy bien que si deja a su lado a su socio político, pierde votos en el llamado “centro izquierda” o “izquierda democrática”; y que si lo aleja por impresentable y maleante, tendría que decir adiós al respaldo radical y antisistema que le ha sido útil en la primera vuelta.

Sánchez y su partido sabían que por sí solos eran nada, solo una agrupación más de izquierda en unos comicios con 35 candidatos presidenciales. Por eso tuvieron que plegarse a un asesino ruidoso y figuretti a fin de marcar la diferencia con las postulaciones de Ronald Atencio o Alfonso López Chau. El problema es que ahora no saben qué hacer con el cabecilla del etnocacerismo, al que le han ofrecido incluso ministerios.

En Juntos por el Perú saben también que si apartan a Humala de una manera drástica y no asolapada como hasta ahora (algo así como “sí, pero no; no pero sí), aparte de perder votos radicales, se ganan un enemigo que no se va a quedar callado ni tranquilo en su casa. Estamos hablando de un personaje incluso violento, que cuenta con una pequeña fuerza de reservistas fanatizados.

Gran encrucijada para el radical Sánchez, quien la tiene muy complicada en una segunda vuelta, con o sin el asesino de los Humala, el que ha ofrecido declararle la guerra a Chile, fusilar gente, e indultar senderistas, criminales y al golpista Pedro Castillo.