A menos de un mes de la segunda vuelta entre los candidatos Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), el próximo cara a cara entre aspirantes presidenciales vuelve a instalar una vieja interrogante en la política peruana: ¿qué tan determinante puede ser un debate para definir una elección?
Desde 1990, los encuentros presidenciales se convirtieron en uno de los momentos más esperados de las segundas vueltas en el Perú. Algunos dejaron frases recordadas, ataques políticos y momentos de tensión. Sin embargo, el verdadero impacto de estos encuentros sigue siendo discutido.
Historia
La historia de los debates presidenciales televisados en el país comenzó el 3 de junio de 1990 cuando Alberto Fujimori (Cambio 90) y Mario Vargas Llosa (Frente Democrático) protagonizaron el primer cara a cara de una segunda vuelta electoral.
Aquel encuentro se realizó en el Centro Cívico de Lima, fue moderado por el periodista Guido Lombardi y transmitido a nivel nacional. En ese momento, Vargas Llosa aparecía como favorito frente a Fujimori, quien había crecido rápidamente durante la campaña.
Uno de los momentos más recordados ocurrió cuando Fujimori mostró ante cámaras lo que presentó como un supuesto encarte con el logo del diario Ojo. La portada daba como ganador al fallecido escritor peruano cuando el debate todavía no terminaba, lo que generó sorpresa durante la transmisión y dio a entender ante el electorado que la prensa apoyaba al escritor.
Una semana después, el 10 de junio de 1990, Fujimori se impuso en las urnas y fue elegido presidente.
Después de ese proceso electoral, Perú pasó más de una década sin debates presidenciales de segunda vuelta. Ni en las elecciones de 1995, en la que postuló Javier Pérez de Cuéllar, ni en la de 2000 se realizaron encuentros entre candidatos.
Recién en 2001 volvió a organizarse un debate presidencial, esta vez entre Alejandro Toledo (Perú Posible) y Alan García (APRA), en una campaña en la que reaparecieron los cuestionamientos al primer gobierno aprista.
El retorno del formato marcó el inicio de una práctica que luego se volvería habitual en las campañas electorales.
Cinco años después, el 21 de mayo de 2006, Ollanta Humala (Unión por el Perú) y Alan García participaron en un nuevo debate de segunda vuelta realizado en el Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia.
El encuentro fue moderado por el periodista Augusto Álvarez Rodrich y tuvo un tono más confrontacional que en los procesos anteriores.
En estos comicios, García ganó las elecciones y se convirtió en presidente del Perú por segunda vez.
Cinco años después, el debate de 2011 entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori fue uno de los más tensos de los últimos años.
Ambos candidatos intercambiaron acusaciones relacionadas con corrupción y derechos humanos en medio de una campaña totalmente polarizada. La derecha y la izquierda volvían a enfrentarse.
Por un lado, Humala cuestionó a Fujimori por la figura de su padre, mientras que la candidata de Fuerza 2011 respondió refiriéndose a las investigaciones contra el postulante de Gana Perú vinculadas a violaciones de derechos humanos como el Caso Madre Mía.
El año 2016 fue en el que por primera vez en la historia electoral del país, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) organizó dos debates presidenciales para una segunda vuelta.
Ambos debates enfrentaron a Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio) y Keiko Fujimori (Fuerza Popular).
Uno de los momentos más recordados ocurrió cuando Fujimori citó la frase “cómo has cambiado pelona”, atribuida a Nicomedes Santa Cruz, para cuestionar los cambios de postura política de PPK. Kuczynski le respondió: “Tú no has cambiado pelona, eres la misma”, en alusión al historial del fujimorismo.
Tras otros nuevos 5 años, el 30 de mayo de 2021, Pedro Castillo y Keiko Fujimori participaron en un debate presidencial descentralizado pues se eligió como sede Arequipa.
El entonces candidato de Perú Libre recibió críticas por evadir precisiones sobre su plan de gobierno. Aun así, terminó imponiéndose en las urnas frente a Fujimori, en una elección estrecha y nuevamente marcada por el antivoto que padece el fujimorismo.

Opinión
Consultado sobre qué tan determinantes pueden ser estos intercambios de propuestas para convencer a los electores, el analista político César Campos consideró que el impacto de los debates suele ser limitado en el contexto peruano.
“En realidad se convierte en algo mínimo y más aún en una sociedad como la peruana, donde muchas veces predominan más las emociones que la racionalidad. A veces poco interesan las propuestas y en una segunda vuelta se termina votando más en contra de un candidato que a favor de otro”, señaló a Correo.
Asimismo, Campos cuestionó que la discusión pública se haya centrado en el lugar donde debería realizarse el debate y no en las propuestas.
“El candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez está banalizando la dimensión de un debate con Keiko Fujimori porque se pone a hablar de Chota y de Japón. Eso realmente reduce al ridículo una discusión sobre cómo debe desarrollarse el debate”, afirmó.
Finalmente, recomendó a los ciudadanos no dejarse llevar únicamente por las emociones al momento de votar.
“Hay que pensar en el destino nacional. Uno no puede estar votando solo por sus emociones, porque le disgusta o le gusta tal candidato (...). Esa emocionalidad lleva a los del interior del país a votar contra Lima. Acusan al centralismo sin responsabilizar ni siquiera a sus propios gobernadores regionales, que son los que se roban la plata”, sostuvo.





