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El estrés es una respuesta natural del organismo que, en niveles moderados, ayuda a afrontar desafíos académicos, laborales o personales. Sin embargo, cuando esta sensación de tensión se mantiene durante largos periodos y se convierte en una constante, puede derivar en un cuadro de estrés crónico con efectos sobre la salud física, emocional y social.
Alex Gonzales Asencio, coordinador académico de la carrera de Psicología de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), explica que el estrés crónico se caracteriza por una sensación permanente de alerta, incluso cuando no existe un peligro inmediato.
“Hablamos de estrés crónico cuando la tensión es constante, prolongada y se sostiene en el tiempo, incluso cuando no hay un peligro inmediato. Si sientes que estás en modo supervivencia todos los días, es una señal de alerta que no debe pasarse por alto”, señala el especialista.
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¿Cuáles son las señales de alerta del estrés crónico?
Muchas personas normalizan síntomas como el cansancio constante o los problemas para dormir, sin considerar que podrían ser manifestaciones de un nivel de estrés excesivo.
Entre las principales señales de alerta destacan:
- Cansancio permanente.
- Dolores de cabeza frecuentes.
- Tensión muscular persistente, especialmente en cuello y hombros.
- Insomnio o dificultades para dormir.
- Problemas digestivos recurrentes.
- Irritabilidad y cambios constantes de ánimo.
- Apatía y desmotivación.
De acuerdo con Gonzales Asencio, mantener elevados los niveles de estrés durante un tiempo prolongado puede debilitar el sistema inmunológico, aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y ocasionar alteraciones gastrointestinales. Asimismo, incrementa la probabilidad de desarrollar ansiedad, depresión o síndrome de agotamiento profesional (burnout).
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Ocho hábitos para reducir el estrés
El especialista recomienda incorporar hábitos saludables que permitan equilibrar las responsabilidades diarias con espacios de descanso y recuperación.
Las principales recomendaciones son:
- Organizar el tiempo de manera realista.
- Establecer límites y aprender a decir “no” cuando sea necesario.
- Realizar pausas activas durante la jornada.
- Mantener una rutina de sueño adecuada.
- Practicar actividad física con regularidad.
- Llevar una alimentación balanceada.
- Dedicar tiempo a pasatiempos que generen disfrute y relajación.
- Fortalecer los vínculos con familiares y amigos.
“Cuando aprendemos a canalizar las tensiones, nuestra concentración mejora, tomamos decisiones más acertadas, somos más creativos y volvemos a disfrutar actividades cotidianas y de los vínculos con nuestros seres queridos”, sostiene el docente.
¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional?
El especialista recomienda acudir a un profesional de la salud mental cuando el estrés comienza a afectar el sueño, la alimentación, el desempeño académico o laboral, o impide disfrutar de actividades que antes resultaban placenteras.
Según Gonzales Asencio, recibir apoyo psicológico permite identificar las causas del problema y desarrollar estrategias para afrontarlo antes de que aparezcan complicaciones mayores.
“Ir a terapia es un acto de valentía y de autocuidado. Un profesional ayuda a identificar la raíz del problema y brinda estrategias basadas en evidencia para recuperar el control de la vida y prevenir complicaciones más severas a futuro”, concluye.
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