El Perú registra más de 71 mil casos atendidos por psicosis al año, según cifras del Ministerio de Salud del Perú, lo que evidencia el impacto de los trastornos mentales graves en el sistema de salud.
Dentro de este grupo, la esquizofrenia destaca como uno de los principales desafíos, debido a la brecha entre la aparición de los síntomas y el acceso a tratamiento especializado.
Brecha de atención supera el 80%
De acuerdo con especialistas, en el país existe una brecha de acceso a servicios de salud mental superior al 80%, especialmente en poblaciones en situación de pobreza.
Factores como la centralización de servicios en Lima y la falta de continuidad en el primer nivel de atención agravan el problema.
La Organización Mundial de la Salud señala que, pese a ser una enfermedad grave, la esquizofrenia es tratable y que al menos una de cada tres personas puede lograr una recuperación completa con atención adecuada.
¿Cuáles son las señales de alerta?
El neurólogo Juan José Pereyra explica que los síntomas pueden aparecer de forma progresiva y ser confundidos con otros problemas emocionales.
Entre las principales señales se encuentran:
- Aislamiento social
- Desconfianza o suspicacia marcada
- Dificultades en el pensamiento o lenguaje
- Cambios de conducta persistentes
Además, pueden presentarse:
- Alucinaciones: escuchar o ver cosas inexistentes
- Delirios: creencias firmes sin base real
- Desorganización del pensamiento
“Ante síntomas persistentes o cambios importantes en la conducta, es clave buscar una evaluación profesional”, señaló el especialista.
Nuevos enfoques en el tratamiento
Tradicionalmente, el tratamiento se enfocaba en controlar los síntomas psicóticos. Sin embargo, el enfoque actual busca ir más allá.
Hoy, la atención incluye:
- Continuidad del tratamiento
- Mejora de la funcionalidad
- Calidad de vida
- Inclusión social
“El objetivo no es solo reducir síntomas, sino favorecer la autonomía y la calidad de vida”, indicó Pereyra.
Adherencia, clave para evitar recaídas
Uno de los principales retos es la baja adherencia al tratamiento, factor que incrementa el riesgo de recaídas y hospitalizaciones.
El abordaje actual combina:
- Medicación especializada
- Psicoterapia
- Apoyo psicosocial
- Seguimiento continuo





