Con el aumento de las temperaturas propias del verano, las mujeres gestantes deben prestar especial atención a su salud. Durante el embarazo, los cambios físicos y hormonales elevan la demanda del organismo y, sumados al calor, pueden aumentar el riesgo de deshidratación, fatiga, infecciones y golpes de calor.
“Durante el embarazo, el cuerpo ya trabaja más de lo normal: aumenta el volumen de sangre, cambian la presión y hay mayor demanda de energía. En verano, el calor acelera la pérdida de líquidos a través del sudor”, explica Ginger García Portocarrero, directora de Obstetricia de la Universidad Norbert Wiener.
Hidratación y alimentación: pilares del cuidado
Mantener una hidratación adecuada es clave para el bienestar de la madre y el desarrollo del bebé. Las especialistas recomiendan:
- Beber agua de forma constante, sin esperar a sentir sed, en pequeñas cantidades a lo largo del día.
- Incorporar frutas y verduras ricas en agua, como sandía, melón, naranja y pepino.
- Optar por comidas ligeras y fraccionadas, consumiendo porciones pequeñas varias veces al día.
- Evitar frituras, gaseosas y bebidas muy azucaradas, que no hidratan y pueden aumentar el malestar.
Precauciones frente al calor y el sol
Durante el verano, se aconseja evitar la exposición solar intensa, especialmente entre las 10:00 a. m. y las 4:00 p. m. También es importante usar ropa ligera, bloqueador solar y sombrero, y priorizar espacios ventilados o con sombra.
La actividad física debe ser suave y realizarse en horarios más frescos. Además, se recomienda descansar con mayor frecuencia, elevar las piernas y evitar permanecer mucho tiempo de pie o sentada sin moverse para reducir la hinchazón y la fatiga.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Las gestantes deben estar atentas a síntomas de deshidratación, como sed intensa, boca seca, orina oscura o escasa, mareos, debilidad y calambres. También requieren atención inmediata signos de agotamiento o golpe de calor, como piel muy caliente, náuseas, palpitaciones, confusión, somnolencia o desmayos.
Asimismo, se debe acudir de inmediato a un centro de salud ante sangrado, pérdida de líquido, contracciones intensas y seguidas, dolor abdominal fuerte o disminución de los movimientos del bebé.
“Cuidarse del calor durante el embarazo no es complicado, pero sí requiere constancia. Con hidratación permanente, una alimentación adecuada y precauciones simples frente al sol, las gestantes pueden disfrutar del verano y proteger su bienestar y el de su bebé”, concluye García Portocarrero.





