Gerson Ramírez Ávila no solo nuestra a un narrador que orquesta voces; también evidencia el uso de la ironía para crear imágenes cotidianas que apelan a la nostalgia y a la necesidad de repensar nuestras raíces.
Gerson Ramírez Ávila no solo nuestra a un narrador que orquesta voces; también evidencia el uso de la ironía para crear imágenes cotidianas que apelan a la nostalgia y a la necesidad de repensar nuestras raíces.

En , José Saramago reflexiona sobre su existencia y hace un viaje por los momentos más significativos de su vida. Los lectores no solo estamos frente a la simple enumeración de hechos transcendentes; lo que en realidad apreciamos es la mirada crítica y reflexiva que el escritor portugués le ha impregnado a su narración.

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En una de sus páginas se lee, por ejemplo: “el niño que fui no vio el paisaje tal como el adulto en que se convirtió estaría tentado a imaginarlo desde su altura de hombre”. El viaje de Saramago comprende recuerdos que habitan, sobre todo, en las paredes del hogar y en los rincones de la niñez; pero vistos de forma crítica y reflexiva por la mirada del adulto que ha sabido vivir cada año acumulado.

Algo similar sucede con la propuesta narrativa que Gerson Ramírez Ávila hilvana, con mucha destreza y fina ironía, en EL NOMBRE DE LOS DIAS, su más reciente libro de cuentos.

Los días y las voces

EL NOMBRE DE LOS DÍAS reúne cuarenta y ocho relatos breves que apelan a la recreación de la memoria colectiva y al recuerdo intencional. Esta narrativa es como un viaje al pasado; no desde la memoria inconsciente que de un momento a otro y sin proponérselo recrea algún momento de la infancia. No. La narrativa de Gerson Ramírez Ávila construye un discurso en el que conviven diversas voces y entre las cuales destaca la del narrador.

Esta voz no solo orquesta a las demás; también crea -con los recursos de la ironía- imágenes cotidianas que sitúan al lector en su propio universo nostálgico y le advierte la necesidad de repensar qué tan cerca está de sus raíces.

En el cuento TV que no se ve, por ejemplo, se evidencia claramente el sentido nostálgico y crítico. La historia de los ancianos abandonados que no puede prender su TV es un pretexto para criticar cómo el advenimiento de la tecnología y la vida en estos tiempos relega a aquel que no es “capaz de adaptarse” a las exigencias contemporáneas.

La indiferencia de la sociedad ante la pareja de ancianos es la deshumanización que trajo consigo la tecnología al desplazar espacios y momentos destinados a compartir emociones y sentimientos que nuestros sentidos cobijaban. La nostalgia y la ironía están presentes en la narración; “ahora no me cuesta nada mirar hacia esa casa, en la cual, desde hace tiempo, se ve la misma imagen: una pareja de ancianos, que a duras penas suele desplazarse y ya no enciende el televisor porque no entiende los desmanes de la tecnología”.

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Infancia y recuerdo de lo cotidiano

Las historias reunidas en EL NOMBRE DE LOS DÍAS evocan acontecimientos cotidianos, ambientados principalmente en zonas rurales. Los escenarios son La campiña, Laredo mismo y los lugares que Gerson Ramírez transitó en su niñez. Así, por ejemplo, en el cuento Condenado se recrea una situación escolar en la que el narrador revela sus sensaciones: “a la hora de salida regresé a casa sin animarme esta vez a ir en el tropel de mis compañeros. Iba solo pero sereno. Ese día comprendí lo que significaba ser un condenado”.

En una lógica similar destaca el cuento Un billete naranja. Aquí se narra un recuerdo protagonizado por dos hermanos que, luego de disputar un billete, entienden el verdadero valor de las cosas: “ya no era el niño lloroso de la noche anterior. Me miró a los ojos con plena algarabía porque yo había venido a buscarlo (…) Han pasado treinta años y aún conservo el billete naranja entre las páginas de ese libro”. Es necesario fijarse en cómo la narración del pasado es contada con la perspectiva del presente; esto es justamente lo que preserva el sentido nostálgico de lo cotidiano.

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Otro elemento que acompaña al recurso irónico en la construcción de escenas cotidianas es el humor. En sus cuentos, Gerson Ramírez Ávila emplea imágenes risibles que interpelan al lector sobre sus posibles y cercanas condiciones de vida. El cuento A trote lento es una muestra de ello. El narrador presenta una situación que, sin despojarse de lo irónico, causa el efecto humorístico que ridiculiza a las relaciones dependientes y tóxicas. Humor e ironía se complementan. Al final del relato, es muy posible que los lectores se pregunten si en una relación de pareja existe el papel de mascota.

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Retazos de vida

Las narraciones que Gerson Ramírez Ávila presenta en EL NOMBRE DE LOS DÍAS son breves no solo por su extensión, sino también por su capacidad de mostrar en una sola situación las tantas que nos suceden. Estos relatos son retazos de vida. Son lienzos coloridos y cotidianos que, enmarcados con el lenguaje, pueden situarse en cualquiera de los muros que la memoria construye para entenderse a sí misma.

Con este libro, Gerson da un paso decisivo hacia el relato corto y, al mismo tiempo, consolida su estilo irónico. Julio Ramón Ribeyro y Eduardo Galeano parecen sonreírle y sonreírnos en este viaje por las palabras y por nuestros días.

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