En la plaza principal de La Cuesta, en la provincia andina de Otuzco, se levantan cuatro piedras que protegen al pueblo. Otra está ubicada en el ingreso al campo deportivo y también “cobra vida” en un distrito que ofrece al turista paisajes que quedan grabados en el alma.
En la plaza principal de La Cuesta, en la provincia andina de Otuzco, se levantan cuatro piedras que protegen al pueblo. Otra está ubicada en el ingreso al campo deportivo y también “cobra vida” en un distrito que ofrece al turista paisajes que quedan grabados en el alma.

El novelista escribió “El Perú es el país de la piedra… Los majestuosos Andes son una épica a la piedra… Piedras imponentes las de los Andes; piedras gloriosas las labradas…”. Es sabido que, desde las épocas prehispánicas, la religiosidad de nuestro país está ligado a los Apus, los cerros sagrados simbolizados en piedras labradas llamadas “wankas”.

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Las “wankas” constituyen un fenómeno cultural panandino al que aún no se le ha dado la debida importancia y no hay estudios más profundos. Estas son piedras que se “animan y cobran vida”. Existen muchos relatos de malquis (momias) que coexisten con su “wanka”, donde el alma del malqui se posesiona de una “wanka”, una piedra sagrada.

La mayoría de estos símbolos religiosos fueron destruidos durante la colonia por los sacerdotes hispanos que se dedicaron a “extirpar las idolatrías” de nuestros antepasados. Conozco las de Queneto (Virú), la de Mama Catequil (San José de Porcón), la de Culqui (Ayabaca), la de Carabamba. Siempre llamaron mi atención las de La Cuesta, distrito de la provincia de Otuzco que se levanta al pie del cerro Chacate, su apu tutelar. La Cuesta está protegida por cinco “wankas”.

Un petroglifo destaca en esta “wanka”.
Un petroglifo destaca en esta “wanka”.

Cuatro de ellas están ubicadas en su plaza principal. Dos de ellas presentan una redondez en la parte superior; las otras dos, rectangulares, están mejor trabajadas. Al ingreso del campo deportivo está la quinta piedra. Es un cubo y en una de sus caras hay un petroglifo representando un ave, quizás un cóndor, que se nota mejor al atardecer por efectos de la luz solar al ocultarse. Ignoro dónde pudieron haber estado ubicadas en antaño.

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Aparte de sus interesantes “wankas”, La Cuesta posee bellos lugares como el puquio de la Peña del Oro y Las Tinajas, interesantes caídas de agua. Se me indica que en los sectores “El potrero”, “Choloque” y “Sharate” durante enero aparecen las “amancaes”, las lindas flores amarillas representativas de Lima, nuestra capital. Interesante.

La población aún practica la costumbre ancestral del trabajo comunal, aquí conocida como “república” y en la cultura inca como “minka”. El día de mi visita más de cincuenta varones estaban limpiando el camino de herradura que une el distrito con Otuzco. Aprecié a los cuestinos, de todas las edades, trabajando con un mismo objetivo. Mientras ellos laboraban en las alturas, un grupo de mujeres en el pueblo había preparado los alimentos que los transportaron en burros. A una hora convenida y en un lugar preestablecido sirvieron el almuerzo a los esforzados ciudadanos. Llegué al lugar y, gracias a su gentil invitación, compartí con ellos arroz con sarandaja, yucas y gallo guisado… Doble ración por supuesto.

No me cabe la menor duda que los pobladores del Perú profundo tienen mucho que enseñarnos sobre el trabajo comunal y la solidaridad; valores que practican los cuestinos al pie de sus “wankas” protectoras.

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