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Para una relectura de Vargas Vila

En otras palabras, en esta fecunda producción del inagotable y magnífico narrador colombiano se concentran las vertientes y expresiones del modernismo, el romanticismo y el realismo.
En otras palabras, en esta fecunda producción del inagotable y magnífico narrador colombiano se concentran las vertientes y expresiones del modernismo, el romanticismo y el realismo.

Saniel E. Lozano Alvarado

Actualizado el 06/11/2026, 11:30 a.m.

Según nuestra percepción, la narrativa colombiana exhibe una rica y vigorosa tradición en el contexto literario latinoamericana. Esta apreciación se sustenta no solo en el conocimiento histórico y teórico, sino en la experiencia directa de textos fundamentales como las novelas “María”, de Jorge Isaacs, la primera a la que accedimos en el proceso de nuestra formación literaria; “El Cristo de Espaldas”, de Eduardo Caballero Calderón, de carácter indigenista y regionalista; “La vorágine”, de José Eustasio Rivera, para muchos críticos, en realidad, la verdadera novela de la selva latinoamericana, incluida la peruana, afirmación que no es exagerada y que también compartimos en gran medida. Desde luego, consideramos también varios títulos de Gabriel García Márquez, como: “El amor en los tiempos del cólera” y su imprescindible y deslumbrante “Cien años de soledad”.

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En este contexto, hay, sin embargo, una época discutible que predominó especialmente a comienzos y en la primera mitad del siglo XX: la prohibición para leer las novelas de José María Vargas Vila, como recuerda el propio Ciro Alegría en sus “Memorias con harto palo”.

Esa censura se extendió casi por todo centro y Sudamérica; específicamente, yo la recuerdo especialmente durante mi niñez serrana.

EL PODER POLÍTICO

En el fondo, se comentaba que se trataba de la posición conservadora de la iglesia, que velaba porque no se difundieran aspectos censurables o discutibles protagonizados por sacerdotes y jerarcas de la iglesia, así como por conservadores, hacendados, autoridades y demás gente visible de los respectivos pueblos y ciudades. Pero, en realidad, más que religioso, el trasfondo era político, por parte de sectores y grupos empeñados en manejar el poder.

Ahora, derribados los muros de las prohibiciones y atenuados o desaparecidos los prejuicios, la producción narrativa de Vargas Vila puede leerse libre de ataduras, y censuras. Entonces lamentamos el dominio de la injusta prohibición, pero ahora sigue circulando, siempre fresca, la formidable producción narrativa del colombiano, en cuyo conjunto percibimos la orquestación de varias vertientes, plasmadas especialmente en sus formidables novelas y relatos: “Flor del fango” y “Aura o las violetas”, así como en el relato o novela breve “Emma”, todas plasmadas en una soberbia y artística prosa.

¿Y qué encontramos en esta fecunda narración? Pues, creación, arte y belleza literaria, fecunda inspiración y vocación narrativa; apego al lenguaje artístico pura arquitectura lingüística y literaria; revelación del paisaje local y regional, descripción de la naturaleza pródiga, el genio y alma de la vida provinciana; las aspiraciones de la educación en la capital (Bogotá) y en el extranjero, especialmente Francia; el conservadorismo de las clases dirigentes, el privilegio de las castas dominantes y el predominio político.

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ROMANTICISMO, NATURALISMO Y MODERNISMO

Literariamente estamos ante las huellas del romanticismo con sus historias anhelantes pero fracasadas o inconclusas; el apego o adhesión por la naturaleza; la división de la sociedad en clases, en cuya cima está siempre el hacendado, aunque no siempre explotador y dominante, sino comprensivo y tolerante; y, desde luego, la actuación de la iglesia, no siempre como cómplice del abuso y la explotación, sino como componente primordial de la sociedad.

En otras palabras, en esta fecunda producción del inagotable y magnífico narrador colombiano se concentran las vertientes y expresiones del modernismo, el romanticismo y el realismo. Tal vez esa concentración de vertientes inspiradoras en una personalidad singular e incomparable como Vargas Vila, explican su grandeza y originalidad.

Y el caso es que, aunque vivamos otras épocas y las condiciones socioeconómicas, políticas o religiosas sean otras, sobrevive; es decir, no ha perdido vigencia la narrativa del formidable narrador que enriquece de modo primordial la formidable narrativa colombiana. En la literatura peruana, reminiscencias de su lenguaje y estilo las encontramos en la prosa narrativa de Abraham Valdelomar en las primeras décadas del siglo pasado y plasmadas en obras labradas por una dimensión estética muy elevada del lenguaje, como lo apreciamos en “El caballero Carmelo”, “El vuelo de los cóndores” o la novela “La ciudad de los tísicos.

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AURA O LAS VIOLETAS

Concluimos este repaso con las páginas de otra hermosa novela labrada magistralmente con un lenguaje artístico, plasmado por uno de los escritores de mayor entrega y devoción de trascendentes resonancias que mantienen vigencia y actualidad. El autor, excomulgado por la iglesia católica, en realidad más por su ideología política antes que por su posición religiosa, fue censurado por quienes pretendían ver en esta hermosa y breve novela una apología del pecado, sin haber penetrado en una primera lectura a una obra que, en realidad, ni censura el poder religioso ni político, sino que simplemente, refiere una trunca historia de amor por conveniencia social del avejentado cónyuge y la pobreza económica de la joven esposa.

Por lo demás, la obra es un excelente ejemplo del elevado dominio del lenguaje y de la formidable capacidad creadora y artística de José María Vargas Vila, a quien hay que leer o releer. Es lo que estoy haciendo y ahora compartiendo.

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José María Vargas Vila

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