Hoy no nos queda más que poner nuestro grano de arena para que Carlos Tataje, quien “hizo del silencio y de la discreción un lugar ideal para seguir escribiendo”, sea leído y apreciado.
Hoy no nos queda más que poner nuestro grano de arena para que Carlos Tataje, quien “hizo del silencio y de la discreción un lugar ideal para seguir escribiendo”, sea leído y apreciado.

“Si hay alguien que representa la intelectualidad trujillana, en estas últimas décadas, ese es Carlos Rómulo Baldwin del Castillo, más conocido como ”, escribió Joe Guzmán, en Lima Gris, el 22 de mayo de 2020.

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Efectivamente. Carlos Tataje es muchísimo más que poeta. Sus biógrafos lo presentan como “poeta, pintor y estudioso de las civilizaciones primitivas” (además de publicista, diseñador gráfico, director periodístico, crítico literario, etc.). Yo, sencillamente, diré que Tataje es un referente cultural de lectura y difusión ineludible.

Sus Dedicatorias

Lo conocí inicialmente por las redes sociales (por esas discusiones que, de vez en cuando, se desatan y que muestran pequeños destellos de nuestra real humanidad). Luego, gracias al escritor y editor Carlos Santa María, tuve en mis manos un libro pequeño pero maravilloso: DEDICATORIAS.

Este libro es un objeto cultural excepcional. En cada página resplandecen las figuras de extraordinarios artistas, filósofos, poetas, científicos, pensadores, etc. Y, al mismo tiempo, se erigen y movilizan fascinantes sentidos que nos dejan sin palabras, como en la dedicatoria “a Antonio Vivaldi”, por ejemplo:

“Con tu orquesta de las tullidas / de aquel hospicio, / sembraste las verdes melodías / de bosques y paraíso; / trinos de primavera / frente al invierno, / bálsamo y luz para quien quiera / resucitar a los muertos. // ¡Dime!, qué sería del violín, / de aquella viola. // ¡Dime!, sin partituras de festín, / con tantas horcas.”

En este libro, cada “dedicatoria” es, en realidad, una síntesis cultural y estilística. En cada poema, Carlos Tataje nos nutre de su erudición, de su particular irreverencia y de su libertad creativa. Las cincuenta y cinco dedicatorias que dan vida al libro constituyen una muestra invaluable de conocimiento, exigencia estética y creación artística.

Cuando lo leí, por vez primera, me quedé sin palabras (no todo lo que uno siente puede expresarse verbalmente; a veces el silencio es más elocuente…; o muchas veces una interjección o una palabra soez expresan mejor la fruición o el éxtasis que nos embarga).

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Sus Epitafios

Pero, no solo “Dedicatorias” nos deja en ese estado. Siguiendo la misma línea creativa y temática, Carlos Tataje se hizo acreedor al Premio Copé de Plata en la XIV Bienal de Poesía “Premio Copé Internacional 2009″, con su obra EPITAFIOS.

Con relación a este libro, el escritor trujillano Gonzalo Del Rosario afirma lo siguiente: “Lo mejor de Epitafios es sin duda el alto nivel de su burla, mofa, sorna, sátira o el humor negro, y muchas veces corrosivo, que acompaña cual reproches las posibles lápidas de estos muertos ilustres”.

Lo que uno descubre, cuando transita por las páginas de “Epitafios” es que las Dedicatorias continúan. Sin embargo, aquí el poeta crece exponencialmente y nos conduce por todos los continentes, por todas las épocas de nuestra historia y por todos los ámbitos de la creación humana. El autor es libre con el lenguaje y con los espacios, y hace de la integración de géneros su mejor obra de arte.

Ah, pero también deja sentado lo que se puede expresar con el silencio. Así como podemos explayarnos hablando con alguien o de alguien, también hay quienes solo merecen nuestra brevedad (“La tortuga no sabe geometría. / Aquiles, tampoco.”) o nuestra severa parquedad, como en “A Benito Mussolini” (Te colgaron por los pies. / Antes, / debieron cortarte la lengua.) o en “A Adolf Hitler” (Todo fue negro carbón de crematorio tras de esta bestia.).

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Interpelación compartida

Evidentemente, la obra de uno de nuestros más notorios intelectuales tiene un valor intrínseco. Por eso, a raíz de su deceso, me pregunté (sin dejar de interpelarme): ¿por qué estamos tan alejados de nuestros escritores?; ¿por qué tanta “indiferencia y pasividad”?; ¿de quién o de quiénes depende que nuestros autores se lean, se difundan y se reconozcan?

Después de preguntarme y repreguntarme, no hallé respuesta convincente alguna… Solo vino a mi mente una breve conversación que, al respecto, sostuve con la poeta Milene Alfaro: “en Trujillo (y en nuestro país, en general) vivimos tan alejados de la lectura y de nuestros vecinos…”.

Hoy no nos queda más que poner nuestro grano de arena para que este autor, “que hizo del silencio y de la discreción un lugar ideal para seguir escribiendo”, sea apreciado o simplemente leído en cada una de nuestras intimidades.

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Leamos a Tataje

El escritor Rubén Aguilar Rodríguez publicó en su cuenta de Facebook: “Carlos Tataje ha muerto, pero la luz de su sabiduría alumbrará por siempre”. Ojalá que esas “portadas de Dedicatorias y el PDF”, ese “material almacenado” y las “promesas hechas al maestro” (aludidas por Rubén) lleguen a manos de lectores que las sepan apreciar.

Y ojalá que esta desaparición física y todos estos lamentos no se difuminen como el viento. Ojalá que los amantes de la literatura nos acerquemos más al conocimiento de la obra de los demás. Ojalá que los(as) poetas jóvenes lean a Carlos Tataje y se nutran de su sabiduría, irreverencia, libertad y suma exigencia con la calidad.

Él nos deja su profunda y bien trabajada poesía. Es responsabilidad de quienes decimos amar la literatura promover su lectura en cuanto espacio y oportunidad se nos presente.

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