Estuvo en el Hay Festival, sus reflexiones fueron sobre el cerebro y Blanca Varela, temas que parecen alejados, pero que se entrelazan significativamente. (Foto: GEC)
Estuvo en el Hay Festival, sus reflexiones fueron sobre el cerebro y Blanca Varela, temas que parecen alejados, pero que se entrelazan significativamente. (Foto: GEC)

Pocas veces se hace el esfuerzo por reconocer al arte como una manera de responder las grandes preguntas de la humanidad, pese a que el humano es el único ser vivo capaz, por ejemplo, de crear poesía y comprender su uso y trascendencia, de eso nos habla Nelson Vallejo-Gómez en esta entrevista.

¿Hay algo especial en el cerebro de los artistas? He venido a aportar dos reflexiones que se pueden enlazar, una para conversar con el neurólogo francés Stanislas Dehaene sobre el algoritmo neuronal a través de las resonancias magnéticas nucleares y que él aplica esto en los estudios en neurología para entender el aprendizaje neuronal como por ejemplo de las matemáticas o la comprensión lectora, pero también me pidieron que diera una conferencia sobre poesía y escogí a Blanca Varela. Los artistas tienen una sensibilidad aguda para reconocer su entorno, es decir todos la tenemos como humanos, es una cuestión de educación, de talento, de talante, de lectura, importante leer en especial la poesía, como dice Varela, nos ayuda a enfrentar preguntas fundamentales sobre la vida, la muerte, el dolor, el amor.

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¿El artista se enfrenta a preguntas que aún pueden cuestionarnos pese al avance de la ciencia? Podríamos decir que las grandes preguntas fundamentales como el origen de la vida, el hombre se las ha hecho desde la noche de los tiempos, pero han alcanzado una conceptualización gracias a las matemáticas a partir del Renacimiento. Así que podemos decir que los científicos nos han permitido llegar a conocimientos profundos de la vida y tener hoy, por ejemplo, el control de la fuerza nuclear y una posibilidad de acceder al micro cosmos, al macro cosmos, sin embargo los grande poetas han estado en paralelo con los grandes científicos no tanto para utilizar el modo metódico matemático experimental y tener un juicio sintético a priori, sino para ir, como Blanca Varela misma lo dice en su búsqueda de las grandes respuestas: “No tuve más remedio que aprender a contestarme yo misma, y para no reconocerme, supongo, me aventuré con mucho trabajo, con mucho sufrimiento, con una gran alegría, con una delirante libertad.

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¿El ser humano es el único ser consciente en todo momento de si mismo, eso es propio de su cerebro? Recuperar la noción del sujeto y del observador en realidad es una reflexión reciente, las primeras reflexiones científicas se hicieron excluyendo al sujeto consciente, su movimiento, su temporalidad y solamente reflexionando, por así decirlo en materia muerta, hoy gracias a las tecnologías del IRM que permite captar el movimiento de la sinapsis y ver como está funcionando el cerebro en particular nos muestra que es el único de los mamíferos que tiene esa capacidad de atención de manera estadística, es decir que se puede concentrar en un solo punto dejando de lado los otros puntos y volver a desconcentrarse por ejemplo en el sueño pero también durante la reflexión y la auto critica el cerebro tiene la capacidad de aprender y reaprender.

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Pero ¿aún así ahora tenemos problemas con la comprensión lectora en los jóvenes? Hay que utilizar ejercicios lúdicos y ejercicios metodológicos para que la atención para que la comprensión lectora no sea una obsesión desagradable sino que se convierta en algo lúdico a igual que ellos utilizan la atención en un videojuego, podrían usarse esa dinámica para descomponer y desestructurar las preguntas para que las hagan de manera negativa, de manera positiva, interrogativa, contradictoria, alimentar en los jóvenes la capacidad al disenso, la contradicción, a defender con argumentos, invitarlos a esa constante de reformular las preguntas y los conocimientos, de no contentarse unicamente con la información recibida, sino repensando la posibilidad de lo contrario. Los mayores lo decían simple: “aprender a ponerse en los zapatos del otro”.

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