En Ica, donde cada verano las lluvias vuelven a golpear a la región, el inicio del 2026 comienza con nuevas señales de alerta. De acuerdo con el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), la región se ubica como la quinta del país con mayor población en riesgo alto ante inundaciones por las lluvias intensas previstas para la temporada, solo por detrás de Piura, Cusco, Puno y Arequipa.
Falta de prevención
Son más de 330 mil personas las que viven hoy con alto riesgo por las inundaciones, junto a más de 115 mil viviendas que podrían verse afectadas por las lluvias intensas. Estos números nos indican que no se trata de un problema lejano ni aislado: son familias que cada verano miran con preocupación los riesgos que enfrentan por la falta de medidas preventivas.
“La magnitud del riesgo muestra que una parte importante de la región convive con esta amenaza cada año, lo que vuelve urgente pensar en medidas que permitan pasar de la reacción ante la emergencia a una mejor preparación antes de que lleguen las lluvias. Por eso, es fundamental que las autoridades fortalezcan la planificación y se destinen recursos eficientemente para evitar que estos impactos se repitan. Los daños en infraestructura, la interrupción del trabajo, la pérdida de ingresos y los gastos imprevistos para recuperarse golpean con fuerza la estabilidad de las personas”, indicó Giacomo Puccio, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES)
En Ica, la amenaza de las inundaciones por lluvias también pone en riesgo a los servicios públicos que se proveen en la región: 155 establecimientos de salud y 455 instituciones educativas están en riesgo de inundarse, según Cenepred. Un ejemplo reciente y preocupante ocurrió el verano pasado, cuando el Hospital Regional de Ica sufrió una inundación que obligó a suspender la atención en gran parte de sus áreas, permitiendo funcionar solo de manera parcial la de emergencias.
“Las inundaciones no solo interrumpen momentáneamente los servicios básicos de salud y educación, sino que también causan daños permanentes en la infraestructura. La humedad y los deterioros que quedan después afectan la seguridad y el funcionamiento de estos espacios, convirtiéndolos en locales de riesgo continuo”, agregó el economista.

La urgencia de prevenir desastres en Ica
Este verano, el río Pisco nuevamente ha puesto en alerta a la región. El distrito de Huancano, por donde cruza el río, presenta un ascenso del nivel del agua considerado extremo por Senamhi. Esta no es la primera vez que ocurre: en 2024, el crecimiento del mismo río llegó a impactar en cultivos de algodón.
“La falta de políticas sostenidas de prevención frente a desastres naturales tiene un efecto devastador en la economía de las familias agricultoras. Cuando las lluvias intensas provocan inundaciones sin que existan medidas para reducir el riesgo, se pierden meses de trabajo y esfuerzo. Lo más grave es que estas pérdidas se repiten con frecuencia, a pesar de que podrían evitarse, agravando aún más la vulnerabilidad económica de quienes viven del trabajo en el campo”, enfatizó Puccio.
Actualmente Ica es una de las regiones que se encuentra en estado de emergencia, pero surge la pregunta: ¿Por qué seguimos reaccionando ante la crisis y no estamos preparados para prevenirla? Ica se encuentra en estado de emergencia por las lluvias. Sin embargo, estas no son un fenómeno inesperado. Para el economista, que la región enfrente la misma situación año tras año evidencia un problema estructural: una deficiente ejecución del presupuesto y la falta de una política sostenida de prevención e inversión en infraestructura que reduzca efectivamente el riesgo de desastres.
Mientras que en 2020 una parte importante del presupuesto asignado por el Gobierno Regional de Ica para la prevención de desastres no llegó a ejecutarse, en 2025 el escenario es distinto: prácticamente cada sol de los S/31 millones disponibles fue gastado, lo que evidencia un cambio en el nivel de ejecución del gasto público. Sin embargo, este avance en la ejecución no se ha traducido en inversiones alineadas con las principales urgencias de la región, pese a que el presupuesto de este año aumentó cerca de 10%.
El problema, entonces, ya no es solo cuánto se ejecuta, sino cómo se gasta. Cuando el uso total del presupuesto no se convierte en inversiones efectivas que reduzcan los riesgos, se evidencia una baja calidad del gasto público. Según el especialista, esto responde a una ejecución que no está acompañada de una adecuada planificación ni de resultados concretos sobre el terreno.
“A pesar de que las lluvias intensas ya están causando daños, no hay un plan claro ni un presupuesto específico destinado a la prevención o atención de desastres. En la práctica, Ica cuenta con más recursos, pero todavía no logra ejecutar su dinero eficientemente en obras y medidas que puedan ayudar a enfrentar la temporada de lluvias, como defensas ribereñas y sistemas de drenaje. Es fundamental que el dinero asignado se use de manera efectiva y con resultados visibles para que los desastres no se repitan cada año”, concluyó.
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