Gerencia Regional de Salud admite que no se hace correcta identificación de pacientes.
Gerencia Regional de Salud admite que no se hace correcta identificación de pacientes.

La no solo persiste en : se reproduce en las fisuras del sistema de salud. La reciente Resolución Gerencial Regional N.° 000425-2026, que aprueba el plan de control para 2026, expone fallas en la detección temprana y evidencia las condiciones sociales que permiten que la enfermedad siga circulando.

Datos en observación

El documento técnico al que accedió Correo reconoce que en 2025 se registraron 1.046 casos de tuberculosis en la región. Entre enero y marzo de 2026, los casos ya superan los 80 diagnósticos. Pero el dato más significativo es la debilidad en la detección temprana.

La identificación del sintomático respiratorio, es, según el propio documento oficial, uno de los puntos más débiles del sistema. La estrategia parte de una premisa básica: toda persona con tos persistente debe ser detectada, evaluada y sometida a pruebas. Sin embargo, en la práctica, este filtro inicial presenta fisuras que comprometen el resto de la cadena de atención.

El informe técnico advierte que no siempre se está identificando correctamente a los pacientes con sospecha de tuberculosis. A ello se suma un problema operativo: la calidad de las muestras de esputo, clave para confirmar el diagnóstico, no siempre es adecuada, ya sea por deficiencias en la orientación al paciente o por limitaciones en la supervisión del procedimiento.

Las demoras en la entrega de resultados constituyen otro cuello de botella. En enfermedades transmisibles como la tuberculosis, el tiempo es determinante: cada día sin diagnóstico es un día en el que el paciente puede seguir contagiando. La resolución también menciona casos en los que no se completa el protocolo diagnóstico, como la falta de una segunda muestra de esputo, lo que reduce la probabilidad de detección.

Mapa

El perfil epidemiológico descrito en la resolución apunta a un patrón conocido: los más afectados son hombres en edad productiva, entre los 30 y 59 años. Se trata, en muchos casos, de trabajadores expuestos a condiciones de vida precarias, con acceso limitado a servicios de salud y escaso margen para sostener tratamientos prolongados.

La enfermedad prospera donde convergen el hacinamiento, la informalidad laboral y la fragilidad de las redes de atención.

La resolución también señala que las intervenciones, desde la detección de casos hasta el seguimiento del tratamiento, requieren recurso humano calificado y disponible, capaz de asumir tareas clave como el diagnóstico oportuno, la supervisión de la adherencia terapéutica, la búsqueda de contactos y la aplicación de terapias preventivas. Sin embargo, esto sigue siendo una brecha.