La fiesta principal en el distrito de Paca (Jauja) es la celebración en honor al Señor Ánimas, que combina profunda fe religiosa y tradiciones andinas durante los carnavales (febrero). Se caracteriza por la devoción a una “piedra sagrada” (wanka) con la imagen de Cristo, con misas, procesiones, la danza pachahuara y la comida tradicional que es organizada por los mayordomos.
A esto se suma la peregrinación de los barrios y pueblos aledaños hacia la Iglesia Matriz de Paca. Para llegar al recinto religioso, las comitivas llegan acompañadas de orquestas y bandas, cargando la imagen del santo patrón.

Para los lugareños, esta costumbre es conocida como “la fiesta de los compadres y las comadres”, donde la camaradería, la unión, el reencuentro y la fe se combinan bajo un pretexto religioso.

En el santuario, las multitudes veneran a Cristo y encienden velas sobre numerosos candelabros. Después de la liturgia, la procesión y la danza, todos se retiran a la casa de algún mayordomo para la cerveceada y el almuerzo, quedando la iglesia y la plaza totalmente desoladas.
APRECIACIÓN
El antropólogo José León Beramendi refiere que “la celebración al Señor de Ánimas es una de las más grandes en Jauja. Esta se compone de tres momentos, el peregrinaje al santuario; la fiesta de los mayordomos; y la festividad de los alféreces”.

“El culto es colonial, no está claro si reemplaza a una deidad prehispánica, pero sí tiene vestigios desde 1811. Se dice que el Señor de Ánimas apareció en una piedra, la misma que está custodiada en el santuario, por eso que los pueblos vienen y rinden su homenaje”, añade el estudioso.
Sin embargo, una cruz de piedra tallada, se encuentra frente a la iglesia. Esta figura es blanco de adoración por parte de los feligreses que llegan a la plaza.
CARGAN INSTRUMENTOS
Después, un grupo significativo de músicos y fieles se retiraron a 5 km al sur, al lugar conocido como “Shucoera”, que es un abra a mitad de cerro donde continúan la fiesta.
El 9 de febrero fuimos testigos de cómo los músicos de la banda Súper Sinfónica Acollina subían el cerro cargando al hombro sus pesados instrumentos entre los que figuraba la tuba, que pesa hasta 10 kilos.
Lo hacían por un sendero sinuoso y empinado que une Paca con lo alto del cerro occidental a la laguna de Paca. Más de uno dijo sentirse feliz porque le daba a sus ojos el privilegio de contemplar el humedal y los paisajes verdes de su trayectoria.




