La salud en la región Piura no está en emergencia; está en un estado de colapso sistémico y abandono criminal. Así lo denuncia Víctor Velarde Arrunátegui, médico y catedrático de la facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Piura, quien califica de “dramática” la realidad que enfrentan diariamente miles de asegurados entre colas interminables, falta de medicamentos y una infraestructura que no ha crecido ni un milímetro en la última década.
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El corazón de la denuncia radica en una cifra que indigna: en los últimos 15 años, sucesivos gobiernos han colocado cinco “primeras piedras” del Hospital de Alta Complejidad, pero hasta la fecha no se ha construido “ni siquiera un consultorio”. Lo que en 2011 era un proyecto listo para ejecutarse, con terreno de cinco hectáreas y media, estudios de factibilidad, expediente técnico y un presupuesto asegurado de 140 millones de soles, hoy es un monumento a la desidia.
La desproporción entre la demanda y la oferta de salud es insostenible. Mientras que en 2011 la región contaba con 1.5 millones de habitantes y 480,000 asegurados, hoy roza los 2 millones de personas y los afiliados a EsSalud se han disparado a casi 900,000. A pesar de este incremento masivo, la capacidad hospitalaria se mantiene estática, obligando a los pacientes a padecer esperas inhumanas: de dos a tres meses para una cita en cardiología y hasta dos años para una cirugía de traumatología, como una fractura de cadera en ancianos.
Velarde señala directamente a la “mezquindad” de las autoridades nacionales y regionales como la causa de este estancamiento. Mientras ciudades vecinas como Chiclayo cuentan con hospitales de alta complejidad —teniendo menos aportantes y presupuesto—, los piuranos son condenados a traslados costosos y dolorosos hacia Lima para acceder a cirugías mayores.




