Curanderas y su “Carta Astral Líquida” proponen una experiencia de comunidad y sanación en San Isidro.
Curanderas y su “Carta Astral Líquida” proponen una experiencia de comunidad y sanación en San Isidro.

Lima puede ser una ciudad abrumadora, y es precisamente ahí donde Curanderas aparece como ese refugio de paz que muchos estábamos buscando. Tras visitar el local, se percibe de inmediato que no es solo un bar más en San Isidro; es una experiencia de reconexión. Carolina García Ubillus, reconocida profesional del marketing gastronómico y directora de la agencia Menú, nos recibió para contarnos cómo su ‘Carta Astral Líquida’ no solo ofrece cócteles, sino una oportunidad para conectar con nuestras propias emociones y transitar este 2026 a través de un ritual que empieza en la copa, pero termina en el alma.

En el distrito de San Isidro, el bar Curanderas presenta una propuesta denominada ‘Carta Astral Líquida’, basada en la interpretación de los signos zodiacales. La especialista señala que la iniciativa responde a un vacío en el rubro nocturno donde los usuarios buscan establecer vínculos reales. La gestión del establecimiento utiliza estrategias de identidad para diferenciar su oferta en un sector que suele priorizar la técnica sobre la emoción.

La experiencia integra coctelería, diez platillos diseñados para compartir y una cristalería de fabricación artesanal que refuerza el ambiente místico. El contenido de la carta se alinea con los pronósticos del año 2026, vinculando los insumos de las bebidas con las lecturas personales de los clientes. El objetivo de esta dinámica es proporcionar un entorno de cuidado donde el público pueda participar de un ritual colectivo, alejándose por completo de los esquemas de la coctelería tradicional.

Carolina, cuando uno recorre la noche limeña nota una oferta inmensa, pero que a veces se siente vacía. ¿Qué carencias sentiste en las barras locales para decidirte por un concepto tan espiritual como el de Curanderas?

Sentía que muchos bares competían solo desde el producto o la técnica, pero muy pocos desde la experiencia emocional. Había una oferta sólida de coctelería bien ejecutada, pero faltaba un espacio donde la gente no solo vaya a beber, sino a sentirse conectado y en comunidad. Ese vacío emocional, especialmente en una ciudad intensa como Lima, es lo que hizo viable y necesario un concepto como Curanderas, naciendo así un hogar de sanación más que de diversión.

San Isidro es puro concreto y estructura de negocios. ¿Cómo lograste, desde tu visión en marketing, que este “refugio místico” no solo sobreviva, sino que compita con fuerza en una zona tan rígida?

Mi experiencia en marketing me enseñó que competir no siempre es gritar más fuerte, sino decir algo distinto. En San Isidro no quise hacer un gastrobar más elegante o más técnico, sino uno con identidad clara y coherente. Todo desde el tono de comunicación hasta el servicio responde a un mismo relato. Cuando el concepto es honesto y consistente, el mercado lo reconoce y valora. Ahí está la diferencia sin importar si estás en sótano o en la punta de un edificio.

Al ver la carta, queda claro que la astrología no es un adorno. ¿Por qué elegir este lenguaje para esta etapa del bar y cómo sientes que ayuda a que el cliente se vuelva un fiel de la casa?

La astrología es un lenguaje que la gente ya entiende emocionalmente y es elegida en esta temporada del año. No necesitas explicarla demasiado: conecta de forma inmediata. Para este ciclo, la usamos no como tendencia, sino como herramienta de lectura personal. Cuando alguien se reconoce en su signo y en lo que ese cóctel representa, la experiencia se vuelve íntima. Y lo íntimo genera fidelidad. Todo tiene un propósito y por eso esta carta se lanza en esta temporada del año también.

Muchos se sorprenderán al leer la palabra “sanación” asociada a una barra. Estando ahí se siente distinto, pero ¿cómo le explicas al público que esto no es un esoterismo exagerado, sino una forma de hospitalidad?

La sanación no es algo místico en exceso; es cuidado. En Curanderas, sanar significa crear un espacio donde el cliente baja la guardia, se siente seguro y puede disfrutar sin prisa. Eso cambia la forma en que se vive el bar. No competimos solo por sabor, sino por cómo se siente estar aquí. La experiencia es lo que se lleva y recordará.

He visto que la gente ya no llega preguntando por el destilado, sino por la “energía” del cóctel. ¿Cómo aterrizas algo tan abstracto en una receta que realmente se pueda saborear y entender en la mesa?

Traduciendo el concepto a decisiones concretas: sabor, textura, temperatura, servicio. La energía no se queda en lo discursivo; se vuelve tangible cuando el cóctel tiene coherencia, cuando el cliente puede sentir que ese coctel le habla. El mensaje se vuelve real cuando el producto está bien ejecutado. En esta carta, el cóctel está inspirado no en una personalidad, si no en un pronóstico para cada signo que se ve en cualquier fuente de información lo que lo hace más verosímil.

Me llamó la atención el uso de cítricos poco comunes. ¿Cuál es el criterio para elegir estos insumos tan específicos para que logren contar el “aprendizaje” que proponen para cada signo?

Buscamos ingredientes que tengan historia, carácter y profundidad, no solo impacto visual. Los fermentos andinos no son parte de nuestra carta, por ejemplo, pero si tenemos batches que hablan de tiempo, proceso y paciencia; los cítricos amazónicos aportan sorpresa y matices. Cada ingrediente se elige por lo que simboliza y por cómo dialoga con el mensaje del signo y su momento.

La cocina también ha dado un salto con 10 platos nuevos. ¿Cómo han logrado que el maridaje mantenga esa coherencia mística sin que la comida le robe el protagonismo a la bebida?

La carta de platos se pensó como un acompañamiento energético, no como un elemento separado. Buscamos texturas, sabores y temperaturas que sostengan el relato de la bebida, sin competir con ella. Es un maridaje emocional tanto como gastronómico. La idea de compartir es un ritual, por eso son platillos hechos para más de 3 personas.

Se ven clarificados impecables y el uso de humo en mesa, pero no se siente como un “show” vacío. ¿Qué rol juegan estas técnicas modernas en el valor que el cliente percibe finalmente?

Estas técnicas no están ahí para impresionar, sino para dar profundidad a la experiencia. El cliente percibe valor cuando entiende que hay intención, cuidado y técnica detrás de lo que se le sirve. Cuando algo se siente especial, el valor se construye solo. No solo es dar show, es saber cuando y donde utilizarlo, ser precisos y no alterar la armonía.

La cristalería es otro nivel, parecen piezas de colección. ¿Cómo fue diseñar estos objetos rituales para que sean hermosos pero que no se vuelvan una pesadilla operativa para el equipo?

Fue un proceso muy consciente. Queríamos piezas que se sientan rituales, pero que también funcionen bien en servicio real sin elevar el costo ni ser ostentosos. Cada copa y cada objeto se seleccionó pensando en el flujo del bar, en la comodidad del equipo y en la experiencia del cliente. La estética nunca estuvo por encima de la operación.

Finalmente, ya estamos inmersos en este 2026. ¿Cuál es el objetivo final de vivir esta experiencia mística ahora que ya estamos transitando este nuevo ciclo?

Lanzar la Carta Astral Líquida en este momento permite que el cliente entre al 2026 con una experiencia significativa, no solo con un recuerdo. Es una forma de acompañar ese tránsito. Fue una decisión arriesgada pero los tres socios hemos coincidido que fue la mejor época.