“Lagunilla es una propuesta que sin duda ha conquistado al vecindario, y empieza a llamar la atención mucho más allá”, escribe Jimena Agois, periodista y fotógrafa gastronómica.
“Lagunilla es una propuesta que sin duda ha conquistado al vecindario, y empieza a llamar la atención mucho más allá”, escribe Jimena Agois, periodista y fotógrafa gastronómica.

Lima es una ciudad gastronómica, y salir de casa se ha vuelto una oportunidad para constantes aventuras. Un cambio de carta, una propuesta novedosa o un restaurante que abre en el barrio se convierten en el pretexto para el descubrimiento de nuevos e insospechados sabores. Pero ¿qué pasa cuando vamos un poco más allá?.

Para esta columna nos fuimos a Ica. A casi cuatro horas de la capital. Una de las ciudades más visitadas por extranjeros y locales, y quizás menos conocida en cuestión gastronómica. Tierra de los dátiles y pecanas, variedad de menestras y frutos de mar. Más allá del pisco y los vinos, su cocina permanece escondida para muchos.

Sí, hemos ido a las Islas Ballestas, a comer conchas en Paracas o a visitar alguna bodega iqueña. Pero ¿qué han visitado para comer?. Sabemos que Lima vive dándole la espalda al resto del país. “La deuda”, como dice Paola Miglio, con la gastronomía peruana es inmensa, y que no sólo el recetario criollo es la cocina nacional.

En esta oportunidad pudimos probar la propuesta de Eduardo Uribe en el restaurante Lagunilla, en Ica, y volvimos a casa contentos y con la barriga y el corazón más que llenos.

Lo que empezó como un proyecto de fin de máster en el Basque Culinary Center, en España, es hoy un restaurante amplio y hermoso en el corazón de la ciudad. Ganador del premio Somos el año pasado al mejor restaurante de Ica, su cocina es peruana contemporánea, con algunos toques orientales. Cocina que a Uribe le encanta y le gusta explorar. Por ello incorpora elementos nikkei, tailandeses y coreanos, pero siempre destacando los insumos locales, que quizás vienen del tiempo en que trabajó junto a Coque Ossio.

La idea era desarrollar una propuesta gastronómica que tuviera un impacto positivo, ya sea a nivel medioambiental o social. La inspiración fue la playa Lagunilla en Paracas, un lugar que marcó la infancia de este joven cocinero, y al que quiso rendir homenaje a través de su cocina.

“Muchas veces, los productos y las personas de esta región son subestimados. Quería poner en valor su trabajo y el espacio al que pertenecen”, cuenta Eduardo. “Cuando hablamos de gastronomía, siempre Lima, Piura y Chiclayo son las ciudades en que la gente piensa, pero vivimos en un valle rico en productos agrícolas y vinícolas pero poco visibilizado”, explica.

Eduardo utiliza en su carta productos locales e insumos de excelente calidad. Hay platos para compartir, como el panchino de pejerrey o el de langostinos al panko; las gyozas kamikaze con chanchito char siu o las tortitas de choclo con pesca del día y salsa acevichada. Una parte de ceviches y fríos, donde probamos un extraordinario ceviche de conchas de Paracas, pulpo y pescado sobre una cama de puré de pallares. Y un pulpo al olivo muy bueno. Hay varios tipos de causas y tiraditos también.

La carta combina platos familiares para el público iqueño con propuestas más arriesgadas.

Seguimos con los platos calientes: arroz meloso con mariscos, una sartén de arroz al loche y pesca del día enchichada. El pad thai L es muy bueno, y el chaufa capón con mariscos, sabroso y contundente. Seguimos con los criollos donde obviamente hay una muy buena carapulcra con sopa seca, y no pueden dejar de probar el picante de pallares. Se sirve con asado de tira, cocinado por largas horas al vino tinto borgoña y ají panca. De nuestros platos favoritos.

Hay buenos postres y su carta de barra es también destaca.

Lagunilla es una propuesta que sin duda ha conquistado al vecindario, y empieza a llamar la atención mucho más allá. Cada cosa en el plato se perfila con nitidez y los sabores armonizan y se definen en una intensidad inédita. El talento y entusiasmo de Eduardo se notan en sus preparaciones, donde las texturas, aromas penetrantes y balanceados y, especialmente, una gran profundidad y definición en el sabor, son su mayor ventaja. Una cocina notable y con mucha técnica, que recomiendo con entusiasmo. Una parada obligada en Ica. Estamos seguros que este joven talento dará que hablar.

Cómo llegar

Lagunilla Restaurante está en la Av. Conde de Nieva 1107, Ica.

T. 919484491

@lagunilla.restaurante