En Sánchez Carrión, en pleno Boulevard de Barranco, hay un pequeño local con encanto. Algo así como un pequeño Bistró que bien podría estar en alguna calle parisina con mucha onda o en alguna calle de moda en Miraflores. Techos altos, grandes ventanales, un mezzanine con una mesa grande para grupos, una barra y una cocina a la vista que revela profesionalismo y prolijidad. En otras mesas, un par de chicas conversando, un grupo de amigos y una pareja. Patricia Carrascal abrió este local hace casi un año, quería alejarse por un tiempo del mundo del pan (es una de las fundadoras de Panadería Cultivo), y conseguir un local siempre es complicado. Este pequeño espacio en Barranco apareció en su vida en el momento indicado y no dudó en tomarlo, a pesar de la zona. Con mucho esfuerzo lo arregló, y abrió sus puertas con mucha emoción. Poco a poco ha ido ganándose al público de una calle que para muchos ha sido sinónimo de juerga por mucho tiempo, pero el barrio busca un cambio y Perro, Gato y Pericote ha llegado en el momento adecuado.
INICIO. “La idea era hacer un local que pudiera funcionar almuerzo y cena, tiene la estética de un bistró/café, aunque hay un mix porque tiene: una carta corta, sencilla y confiable que va cambiando, buenos cócteles, una carta de vinos sencilla y buenos precios. Queremos que la gente venga a cualquier hora del día y disfrute”, nos cuenta Patricia, quien se mueve en un espacio tan angosto como amable, sin agobios ni durezas como las que vivió en el pasado.
Sirve un delicioso y sencillo spaghetti al burro, con pasta de calidad, mantequilla y parmigiano. Un fish and chips hecho con pesca del día, batter de cerveza y una deliciosa tártara. El pescado se marina en agua salada para que quede jugoso y agarre más sabor. Para el rebozado usan una cerveza lager ligera, porque las fuertes pueden amargar. Acompañan papas fritas crujientes.
ESFUERZO. Patricia habla hoy de su oficio con la calma del que gastó zapatos y sudó la gota gorda entre hornos y masas. Dice que ahora apuesta a lo esencial. Que lo que más le importa es que la gente disfrute, que coma rico y la pase bien en su mesa. Otro de nuestros favoritos fueron los mejillones, servidos como en Galicia, con una sencilla y elegante salsa de vino blanco, con cebolla, ajo y perejil. Se crea un caldo y los mejillones impregnan su aroma y sabor a medida que se van abriendo. Hay alitas en dos presentaciones, buffalo: mix de ajíes fermentados, cebolla caramelizada y mantequilla noisette; y honey mustard: con mostaza dijon y miel de abeja melipona. Los tacos son de panceta adobada, piña, chalotas y cilantro.
SABORES. Y la burger, de las favoritas de los visitantes, está hecha con asado de tira de la casa. En la cocina el joven Matías Martínez va dando que hablar, y se nota que cada día se siente más a gusto en este espacio. Este local con alma de bistró promete una comida casera que reconforte, con sensibilidad y sin vueltas. Cosa que están logrando con mucho esfuerzo. Perro, Gato y Pericote recién empieza, Patricia tiene claro que el que no arriesga no gana y es indudable que en este lugar, donde uno puede disfrutar a cualquier hora del día, hay técnica y talento. En ese difícil trance que es autodefinirse, eligió la sencillez en la cocina y la armonía en la gente con la que trabaja. Pasen y disfruten.





