Surrealista que un personaje como el comunista y antaurista Roberto Sánchez, el candidato presidencial de Juntos por el Perú que reivindica a Pedro Castillo, que además es parte del impresentable Congreso que tenemos y que afronta cuestionamientos tras su paso por el Poder Legislativo y un ministerio que dejó por los suelos, pueda tener algo de aceptación en el elector principalmente del ámbito rural que hace poco era estafado por el golpista y ladrón que permanece encerrado en el penal Barbadillo.

Si Castillo hubiera hecho algo por la gente más pobre de este país en lugar de estarse llevando sobres manila con plata a cambio de nombramientos en el Estado, reuniéndose en su escondite de Sarratea, demostrando que no sabía ni dónde estaba parado y rodeándose de ministros de terror, podría entenderse que Sánchez, que incluso usa un sombrero como el del expresidente preso, tenga aceptación entre los peruanos que afrontan necesidades materiales, que no son pocos.

Qué podría dar a esos peruanos una persona que ha sido parte del que quizá ha sido el peor gobierno de nuestra historia y de este Congreso de delincuentes y sinvergüenzas, y que además respalda hasta hoy a un golpista como Castillo, un enemigo de la democracia y la separación de poderes. Está bien, me podrían decir, y qué le importa la Constitución y la legalidad a quien no tiene qué comer. ¿Pero acaso el profesor hizo algo por ellos?, ¿Sánchez mejoró sus condiciones de vida desde su cargo de ministro o legislador? Nada de nada.

Un sombrero y un discurso “encendido” en plazas y calles, no hacen que un candidato sea el presidente que el Perú necesita para afrontar sus problemas. Recuerden a Castillo, o un poco más atrás a Ollanta Humala, un par de revolucionarios de bolsillo que están presos y que nada, absutamente nada aportaron a reducir la brecha de pobreza. Ya deberíamos estar curados de esos “elegidos” que a punta de gritar “pueblo”, “igualdad”, “justicia social”, “nueva Constitución” y “grupos de poder”, salen a engañar a los peruanos.

Gobernar un país tan complejo como el Perú es una cosa muy seria y delicada, como para que cualquier otro charlatán con sombrero en la cabeza, al que además los cargos de ministro y congresista le quedaron inmensos, y que es aliado de un criminal como Antauro Humala, venga a pedir el voto de los ciudadanos que tienen grandes necesidades que deben que ser atendidas en el quinquenio que se inicia este 28 de julio. Nunca más un salto al vacío con esta clase de personajes oscuros.